FANTASTIK #7
 

Con motivo de una nueva edición del festival FANTASIA, uno de los eventos / celebraciones del género más prestigiosos a nivel mundial y que tiene su epicentro en tierras canadienses, repasaremos las últimas y suculentas obras, que con muchísima suerte podríamos ver por estas tierras, de un creador de basura audiovisual que nos encanta.

TAKASHI MIIKE

Sexo y drogas en Graveyard of Honor

FANTASIA dedica un bonito homenaje a este prolífico director (hace cinco pelis al año) con la proyección de la omnipresente Ichi the Killer, Graveyard of Honor, The Man in White y Shangri-La. De la primera creo que no hace falta hablar demasiado puesto que junto con Audition es la obra más conocida del realizador japonés. Histérico, sangriento e imaginativo collage de la vida de unos peculiares personajes: un yakuza sadomasoquista, su fulana y un asesino esquizofrénico que invoca a la comedia por saturación de hematíes y extremos brotes violentos durante más de dos horas de metraje.

Con Graveyard of Honor Miike se ejercita en el campo del remake, en este caso de un film dirigido por el recientemente fallecido Kinji Fukasaku (Battle Royale), especializado también en el género de la mafia japonesa. La historia cuenta el ascenso y caida de Ishimatsu, un empleado de limpieza en un restaurante al que el
Yakuzas con malas pulgas
azar llevará a salvar a un jefe de la mafia japonesa de un tiroteo entre dos bandas rivales. Así poco a poco, éste anti-héroe irá ascendiendo lugares en el crimen organizado atraído por el sexo, la violencia y las drogas. Aunque será su carácter oligofrénico y sus brutales excesos agresivos lo que lo pierda y lleve a ejecutar a su jefe, convirtiendo su vida en una pesadilla, inofensivo ante los muchos enemigos que se ha creado en su ascensión. Miike se adapta perfectamente a la sensibilidad cínica y realista que realizadores como Fukasaku o Seijun Suzuki plasmaron durante los años setenta en un Japón en crisis, liberado mediante éste tipo de ficción de gangsters. Estas obras proponían un estilo visual muy cercano al de la Nouvelle Vague francesa, filmando historias descarnadas con amargo despego y huyendo de la exaltación del héroe. El guión corre a cargo de Shigenori Takechi, habitual colaborador de Miike y que también escribe The Man In White, en la que se mezcla drama y venganza en el submundo gasteril de Japón tan querido por el director.

Bonito cartel de The Man in White

El protagonista Asuza, siempre vestido de blanco, es un yakuza criado en las calles en un clima de tragedia marcado por la muerte de sus progenitores. El padre es asesinado por su hermano y la madre se suicida seguidamente. El sentimiento de culpa tortura al anti-héroe mientras se apoya en la figura paternal de su jefe. Tristemente el destino volverá a jugarle una mala pasada, cuando su superior muera asesinado repentinamente. El hombre de blanco buscará al asesino obsesivamente para descubrir una trama más compleja de lo que había imaginado al principio. Esta vez Takashi Miike nos cuenta con total seriedad esta tragedia, prescindiendo en su mayoría de la violencia que le caracteriza, aunque encontramos tiroteos y enfrentamientos como el de los dos hermanos, no se hace hincapié en ellos. Si en ningún modo podemos considerar tradicional la dirección de éste japonés, con The Man in White quizás le encontramos contenido al estilo de la épica gangsteril Agitator (su particular versión de El Padrino), estamos lejos del derroche cómico de la trilogía Dead or Alive. Una faceta más seria de Miike para ofrecernos sus típicas obsesiones tan cercanas a ese otro maestro de la violencia cruda y realista como es Sam Peckinpah (Grupo Salvaje, La Huida).

ZATOICHI Y STEAM BOY. EL REGRESO DE DOS GENIOS.

Estamos de enhorabuena, el magnífico cineasta que nos brindó el pasado año la maravillosa película de episodios Dolls nos ofrece ahora Zatoichi. Este personaje muy popular dentro de la cultura japonesa es un masajista ciego y jugador vagabundo que oculta tras una apariencia de inocencia y buen carácter a un rápido y letal espadachín. Durante los agitados días del shogunato de Tokugawa, sobre el año 1800, tira adelante como puede debido a una importante tara física como es la ceguera. Aun así gracias a su capacidad para hacerse querer por los más peligrosos samurais que no lo consideran amenaza alguna puede vengar las injusticias y a las pobres víctimas que precisan su ayuda. El actor que interpretaba desde siempre
Kitano como el espadachín ciego Zatoichi
el personaje de Zatoichi, Shintaro Katsu, ya fallecido, es un mito en el Japón y no sólo por su total identificación con el personaje que interpretaba sino por su implicación en una serie de escandalosos sucesos. Desde 1997 nadie se había planteado recuperar el personaje (imagino que si fuesen los USA ya tendría varios remakes a sus espaldas). El mismo Kitano dudó antes de tomar el proyecto en sus manos cuando una vieja amiga, que ayudó a lanzar su carrera, se lo planteó: “ella (Chieko Saito) dijo que me iba a pedir un favor y que no podía negarme a hacerlo (...) quería ver Zatoichi interpretado por Kitano”. Según cuenta al principio la idea le disgustó debido a la enorme fama del actor que lo interpretaba, más tarde reflexionó y quiso dar su propia visión del personaje, introduciendo algún elemento realmente extraño en la película. De hecho, el protagonista va teñido de rubio (algo chocante en la época en que tiene lugar la historia), Beat Takeshi incorpora coreografías de claqué y los toques de humor incluidos en el original para aligerar tanta lucha de katanas se han convertido en la versión de Kitano en comedia desatada. Imagino qué podemos esperar de su nueva aventura, algo así como una mezcla entre cine musical, comedia y los films clásicos de samuráis pasado por el tamiz de este personal director japonés. Actualmente ya se encuentra disponible un trailer en la página web del Office Kitano, su productora.

Estética de sf retro para Steam Boy

Otro tipo peculiar, no tan prolífico como el director de Sonatine, es Katsuhiro Otomo, el polifacético dibujante de manga, publicista y pionero de la animación por ordenador regresa al candelero con una superproducción que igualará no ya a la mítica Akira sino a bastantes películas de imagen real que se producen hoy día. Un presupuesto cercano a los 20 millones de dólares (como los que se invirtieron en El viaje de Chihiro), 180.000 celdas de animación y 8 años de preproducción y desarrollo de la idea invitan a esperar otra obra maestra de éste personal maestro del anime. El film en cuestión se titula Steam Boy y se enclava en el subgénero de la ciencia ficción retro. Para el que no reconozca el término explicaré que consiste introducir elementos futuristas como robots o naves espaciales en un entorno de época anacrónico, generalmente se utiliza la atmósfera victoriana tan usada en el cine de la Hammer por ejemplo. Al parecer todo la película se ha rodado utilizando tecnología digital pero con un look manga, así tendremos personajes, artilugios y fondos en 3D pero con el aspecto del anime clásico nipón. Recordemos que Otomo ya probó esta técnica en Akira, aunque sólo fueron pequeñas pinceladas, tienen un gran valor ya que nadie lo hacía en su momento. Es
El protagonista del nuevo Otomo
más, en su reciente colaboración para Metrópolis, escenas como el apocalíptico final no serían posibles sin el ordenador. Su impecable factura técnica acompaña magníficamente una historia épica y espectacular de las que tanto gustan a este pionero japonés, la premisa: un chico consigue una esfera que contiene un tipo de energía nunca vista hasta el momento, de increíble poder destructor. Como puede atestiguar cualquiera que conozca la obra de este artista, sus protagonistas suelen ser individuos al margen de la sociedad, es decir, adolescentes o viejos. Generalmente poseen algún tipo de habilidad especial y se enfrentan contra fuerzas destructoras que los superan, ya sean máquinas (su episodio en Laberinto de historias, el manga Magnetic Rose) o humanos (Akira, Domu). Por el brevísimo y casi subliminal trailer que he podido contemplar, nos encontramos ante un bello anime lleno de acción, aunque no tan violento como su anterior incursión en la pantalla grande como director, Akira. La fecha de estreno está fijada para el 2004, aunque espero que el aparato promocional se ponga en marcha antes y proporcionen más detalles sobre Steam Boy.

RICHARD STANLEY: FUERZA INVISIBLE.

Regresemos a Occidente, otra vez a Montreal, concretamente al festival canadiense FANTASIA, que éste año proyecta los tres documentales realizados por Richard Stanley. Éste cineasta, que puede que a nadie le suene un pimiento, es el autor de esa obra de culto del cyber-punk que es Hardware (1990), lanzada aquí directamente en vídeo y emitida por despiste en algún canal de televisión. Su segundo esfuerzo tras la cámara llamado Dust Devil, una de las joyas que nos brindó el cine fantástico en 1993 y que desde entonces ha sido mutilada (la edición americana) y pobremente comercializada. Básicamente trata sobre un demonio africano que bien podría ser el mismísimo Lucifer, haciendo autostop por carreteras poco transitadas y asesinando sin compasión. Stanley construye una terrorífica historia mezclando a Tarkovsky, Kubrick y Carretera al Infierno con elementos de western y brujería africana.

En fin, lo que ahora nos interesa son sus tres documentales: Voice of the Moon (1990), The Secret Glory (2001) y White Darkness (2002). El primero, rodado dos años antes de Hardware, cuenta como Richard y su colega Immo Horn se introdujeron, armados con una cámara de 16 milímetros, en Afghanistan acompañando a un puñado de rebeldes mujaidín en plena devastación del país por la invasión rusa. Entrando de lleno en el género del documental experimental, el director nos muestra la destrucción y miseria que va encontrando a su paso sin comentarla ni hacer apuntes subjetivos. Sólo incluye de vez en cuando poemas afganos como única narración en off. Está producido por UNICEF (¿?) y cuenta con una preciosa e hipnótica banda sonora a cargo de Simon Boswell. En su época horrorizó a distribuidores y productores, tan perspicaces ellos como siempre, aunque actualmente aumentó su popularidad gracias a los sucesos que todos conocemos.

Otto Rahn es el de la izquierda

Dentro de lo que cabe, Voice of the Moon se puede considerar un documental “normal”, realizado con vistas a denunciar una situación terrible para el pueblo afgano, que trágicamente se ha visto repetida hace poco, pero con The Secret Glory nos adentramos en terrenos más fantásticos. Aunque como siempre la realidad supera a la ficción. Sino que se lo cuenten a Richard Stanley después de descubrir la obsesión de un teniente de las SS por encontrar el santo grial, viajando por toda Europa en su búsqueda. Mucho se ha especulado sobre la relación de los nazis y el ocultismo, el descubrimiento de este peculiar personaje no puede permitirnos generalizar pero constituye un hallazgo para los interesados en el tema. Aunque Otto Rahn, así se llamaba el tipo en cuestión, no simpatizase demasiado con el Fürehr sí aprovechó la oportunidad y usó su poder para registrar cada rincón en busca de éste preciado objeto. Iniciado en la filosofía oculta, reflejó sus pensamientos en un par de textos: Kreuzzug Gegen Den Gral (La Cruzada contra el Grial) y Luzifers Hofgesinf (La Corte de Lucifer). Stanley auna metraje de archivo, imágenes inéditas, entrevistas, narración en off y fotografías construyendo un documental psicodélico, repleto de sabiduría ocultista, fruto de diez años de investigación en ocho países diferentes.

Ceremonia vudú en White Darkness

Su obra más reciente, producida esta vez por la BBC, conduce a Richard a Haiti donde ocupó tres meses de su vida para desentrañar los misterios del vudú. Ésta mezcla de religiones tuvo su origen en 1791 y consiste en rituales comandados por un sacerdote o sacerdotisa donde los fieles se dejan poseer por los loa (espíritus del vudú). Stanley revela en White Darkness, como el control político y cultural se realiza desde sociedades vudú secretas como Bizango o Makanda y todos los esfuerzos por erradicar esta religión por parte de misioneros america nos no han hecho más que fortalecer estas creencias. Introduciéndose a fondo en los dos puntos de vista totalmente enfrentados mediante entrevi
El director con una sacerdotisa
stas con soldados yanquis cazurros y filmación de las ceremonias en las que el propio realizador toma parte, con la finalidad de contemplar el fenómeno lo más objetivamente posible. Y es que Richard Stanley está obsesionado con la muerte y todas sus implicaciones, lo que indefectiblemente liga su obra al fantástico, lástima que sea tan difícil conseguir sus films, recemos a Lucifer porque algún distribuidor se anime a editar Dust Devil en nuestro país.

Para terminar una primicia: el Festival de Cine Fantástico de Sitges (éste año comenzará el 27 de noviembre debido a problemas de financiación) traerá como invitado de honor al gran Takashi Miike del que hablo al comienzo de éste Fantastik. Kimota!

 
Schizo