Oro
a raudales, hostias como panes, peinados Mohawk, estereotipado
gesto mostrenco y ropas militares: si lo conociste cuando
eras niño, mil veces soñarías con poseer su fuerza, si lo
conociste ya como ser humano no dejarías de sonreír cada vez
que apareciera en pantalla… Es el típico personaje que uno
no sabe muy bien si es un pseudofreak de tercera o una megaestrella
a la que los siglos no tocarán, pero el caso es que ahí esta
y, a ver, ¿quién es el guapo que no sabría decir quien es?,
¿en quien pensáis cuando veis a un tío con corte de pelo absurdamente
geométrico y 37 kilos de oro sobre sus costillas?? (además
de en el Gitano Antón y en el Gran Inca Atahualpa,
claro): pues así es, seres humanos, hoy SpaceRockHeaters se
ha inclinado, ha recorrido archivos, prisiones, huertas y
labrantíos y ha estado buscando cositas sobre ese divertido
personaje que fue, es y será Mr T!, otro de los siempre
atractivos iconos negros nacidos a mediados del siglo pasado
(con todas las peculiaridades que para un negro en los USA
de esa época tenía el nacer) que alcanzaron la fama por una
vía u otra.
Y para empezar por el principio decir que nació en Chicago,
no sabemos si en una mañana gris pero si que fue el 21 de
mayo de 1952, en ese peazo de Ghetto cantado por Elvis:
tampoco sabemos si su mamasita cried, si que era una mujer
extremadamente religiosa y firme y que la buena mujer ya tenía
callo de parir, Mr T (entonces bautizado a saber en
que credo como LAURENCE TUREAUD) era el penúltimo de
4 hermanos y 7 hermanas, es decir, que con él ya casi sumaban
cohorte legionaria. Cuando tenía 5 años y por razones que
desconocemos (aunque imaginamos) su Papucho les abandonó a
todos, quedando la hercúlea tarea de que todos esos seres
no murieran e incluso salieran del Ghetto en los hombros de
su esforzada madre: llegados aquí, me gustaría exponer una
curiosa teoría, que por más vueltas que le doy no le veo fisura;
me da la sensación de que todos los negros que han llegado
a la fama desde 1950 para acá se pueden dividir en dos categorías,
aquellos cuyas madres han sido crueles o que no han tenido
madre, que acaban en el Rock, el Blues salvaje o el trullo
y se convierten en borrachos mujeriegos inveterados y por
otro lado aquellos cuyos negros padres han sido perros y malvados,
quedándoles una madre ejemplar: todos ellos acaban en el Pop,
la TV y rodeados de niños a todas horas: de ese modo el destino
de nuestro buen amigo Lawrence quedo sellado desde aquel oscuro
(grandioso para quienes hoy podemos admirarle) día de 1957
en que su padre ahuecó; su implicación es categórica y viene
demostrada por una frase que solía soltar por doquier y le
condena como negro for TV and children: “Un hombre que
no quiera a su mami no puede ser amigo mío”.
Tras desgranar esta teoría por la que en tantos países podría
dar con mis huesos en la cárcel (menos en Suecia, que me harían
ministro de aguas) sigamos con la vida del Simpar T:
por supuesto los días eran duros en el Ghetto y aunque os
parezca raro Lawrence era tirando a pequeñito así que lo hostiaban
a cada rato; precisamente de ese reiterado curtimiento le
vino su manía por las pesas, el gimnasio y los complejos vitamínicos:
sus mastodónticos hermanos (el solía declarar ya en plena
fama “Si crees que soy grande deberías ver a mis hermanos”,
miedo me da pensarlo), hartos de sacarle las castañas del
fuego le aconsejaron que se hiciera una mula para poder defenderse.
A partir de aquí su vida queda marcada por tres vectores que
estarán presentes hasta hoy, en diferente medida e importancia
según épocas: educación, deporte y hostias como panes.
Así
superó el instituto descuidadamente y sin mucho esfuerzo,
gracias a su autodenominada memoria fotográfica; su creciente
masa muscular le pedía candela así que se apunto a artes marciales,
llegando a ser tres veces campeón de su Chicago natal; Hecho
ya una bestia, marchó a Texas y se matriculó en la Universidad
gracias a una beca, en la que por supuesto jugó al fútbol
americano (sembrando el pánico, suponemos), y la que, claro
esta, dejo al año de estar allí (al serle retirada dicha Beca):
ya tenía bastante de libros, a partir de ahora quería deporte
y hostias, así que se hizo profesional de fútbol americano,
y por si le faltaban hostias, se apuntó también a Policía
Militar, que ahí siempre juegas de titular y tu equipo siempre
gana: el chaval veía que aquello era un chollo y que tenía
caminito por delante… mas: ¡chispas! No todo podía ser tan
sencillo, una lesión de rodilla apartó al simpar Lawrence
del mundo del fútbol profesional, generando el punto de inflexión
más importante de su vida; su experiencia ahostiando y siendo
ahostiado en el Ghetto y su incipiente fama como football
player le permitieron hacerse un hueco como guardaespaldas
de famosos… ¡y que famosos!, lo más granado de la época se
ahorro manos de hostias, fotógrafos palizas y groupies malolientes
gracias a los puntuales servicios del tío T; para un
hombre como él, sistemático, grande como un roble y fiel era
lo más sencillo del mundo y lo envidiable de sus servicios
aumentó su caché hasta los 3000 $ por jornada, Diana Ross,
Muhammad Alí, Steve McQueen, Michael Jackson…
son sólo algunos de sus clientes: los días del Ghetto habían
terminado. Con semejante status profesional y demostrando
que ya entonces tenía ese sentido de la retórica con el que
le conocimos después, ese que tantas perlas nos ha dejado,
en su tarjeta figuraba: “Después de Dios no hay mejor protector
que yo”… directamente p’a cagarse; él mismo comentaba
de su curro que le hirieron más veces creciendo en el Ghetto
que cuando trabajaba de guardaespaldas, considerándose un
especialista en prevenir los problemas antes de que sucedieran
(es decir, cazaba a los presuntos broncas, los llevaba a parte
y allí los deshuevaba a conciencia).
Dinero
y un nombre entre los famosos, aunque fuera como tragasables:
este no fue el único punto de inflexión en Tío T a
raíz de joderse la rodilla, gracias a este curro Lawrence
desarrolló el gusto por el disfraz, aunque empezó por uno
completamente diferente a aquel con el que lo conocimos… se
afeito completamente la cabeza, comenzó a vestirse pulcramente,
en traje de tres piezas, con gafas de blanco, bombines, un
bastón y un clavel en la solapa (vamos que estaría precioso,
como Sting en aquel vídeo terrorífico). De esta guisa y como
curro de diario compaginado con el ocasional de guardaespaldas
trabajo de portero en un selecto club de Chicago, donde desarrollo
otro de esos gloriosos clichés verbales de su gusto (y el
nuestro): cada vez que encaraba un broncas se quitaba el sombrero,
mostraba su reluciente calva y repetía “Sólo por cortesía
señor, le diré que mi paciencia es tan larga como mi pelo”.
Con la pasta empiezan las ganas de tonterías y la mutación
se completa, el círculo se cierra: en 1970, al cumplir su
mayoría de edad cambia su apellido francés Tureaud
por una forma más literal, Tero y poco después, lo
simplifica definitivamente a T, Mr. T (elegido
deliberadamente por él para que los blancos tuvieran que dirigirse
a él como Mister); ya con este nombre, abandona las calvas
completas y se deja su peculiar corte de pelo de guerrero
Mandinga/Mohawk… el héroe
ha nacido. De todos modos no fue mongolizar y besar el Santo,
todavía hubieron de transcurrir 12 largos años hasta su primer
papel importante en la gran pantalla; como curiosidad que
adorna este largo periodo pre-fama, decir que trabajo en 1975
como profesor de gimnasia…
Su primera aparición bajo los focos viene acompañada de una
anécdota de lo más gilipollas: en 1978 aparece como guest
star en un episodio de “Arnold” (Different
Strokes, y arriba España) en el que hacia de
sí mismo (¿luchador cabreado?); pues bien, a raíz de esa participación
se inicio una relación personal con el actor Gary Coleman
que termino con el pánico de este al enterarse que su nueva
novia le estaba utilizando para conocer a Mr T, por
lo que completamente acojonado y herido en su hombría comenzó
a imitar a su ídolo rapándose la cabeza como él.
Y fue que llego 1982 y que nuestro maromete contaba ya con
30 esplendorosos años, y en tal momento la fama definitiva
llamó a su puerta de la manera más estúpida: en el transcurso
del concurso televisivo “Games people play”
de esa televisión yankee o chentera
conoció al poderoso (y muy querido) Sylvester Stallone,
mientras participaba en la reñida Gimkana “El portero
de discoteca más fuerte del mundo” (pagaría millones
por ver algo así): impactado Tío Sylvester con los
atributos de Mr T, le da un papel en la película Rocky
III (el negro malo que no era tan malo) y este papel,
a su vez, le abre la puerta primero a un trabajo de secundario
en una comediucha de esas que hacía Steve Martin (no
sabemos si ya con su baboso peinado canoso) y acto seguido
al absoluto triunfo televisivo con la serie que le consagró
y le hizo mundialmente famoso (tiene cojones): THE A-TEAM,
cuya primera temporada se rodó en 1983: el Sargento Bosco
Albert “M.A./Mala Actitud” Barracus había llegado.
Su estatus económico y social a raíz de su segura participación
en cada temporada de la serie subió como la espuma: mientras
duraban los rodajes ganaba 80.000 $ (de la época) por semana,
y otros 15.000 más por cada aparición pública: tal saca de
dólares le permitió gastar 300.000 en joyas de oro, el mítico
montonaco de chapa que siempre llevó desde entonces colgado
al cuello y que le hacía parecer una mezcla entre Ramsés
II, el Rey Simba de Lesotho e Imperio Argentina.
El conjunto esta currado y por ejemplo sus 7 pares
de pendientes de oro rematados en plumas están especialmente
diseñados para abrirse automáticamente si alguien tirara de
ellos en una bronca, evitando así rasgar las orejas…. Se hizo
además con un equipo especial de limpieza que dejaba esas
placas y medallones como los chorritos del ídem a base de
ultrasonidos concentrados, sistema que les aplica cada noche:
luego cada mañana una hora para ponérselas todas, eso si se
las quita, pues muchas noches duerme con todas ellas “para
saber como se sentían mis ancestros que eran esclavos”,
durmiendo con los grilletes (si no fuera tan sanote el chaval
sospecharíamos que esas noches iría tajado y le daría pereza
quitárselas), algo parecido respondía, en plan acusador, cuando
le preguntaban si no le pesaba tanta quincalla puesta “a
mis antepasados esclavos nadie les preguntaba si les pesaban
las cadenas”… imagínense pues el curtimiento de lomo que
se habría llevado el General Lee si se lo hubiera n
puesto delante.
Con lo de sanote no bromeábamos, ya decíamos que Mr T
estaba condenado a la TV y a estar rodeado de niños: sensibilizado
hacia ellos y consciente de que es un ejemplo, ni fuma ni
bebe ni se droga (no sabemos si se la pelara, por que además
tiene un nosequé asexual…), y no sólo eso, además rechaza
siempre los papeles de malo, especializándose en un nivel
de registros dramático que el mismo define como “el estilo
de siempre, de luchador cabreado”.
Preguntado en una rueda de prensa si era tan garrulazo y
básico como M.A. Barracus respondió: “hace falta
un tipo inteligente para interpretar a un idiota”… su
inexplicable gancho con los niños propicio su participación
en otros eventos televisivos ad hoc, así mientras hacia El
Equipo A también participó en otra que debió ser brutal
llamada “Los locos del Taxi”, en la que interpretaba
a un conductor de Taxi (suponemos que cabreado) que tenía
como segundo deber, al margen del profesional, proteger a
los niños de los matones, los caramelos con droga y los hombres
con gabardina: los peligros contemporáneos. Muy posteriormente
y tras una serie de intervenciones puntuales y series menores
a su cargo se hizo también una serie de animación en que el
mismo era protagonista (Kids against Crime,
1995) y que no hace mucho recuerdo haber visto emitida a horas
muy raras en Telahinco o Dapena3, no recuerdo
bien.
Impresionados
por sus performances en “El Equipo A”, Hulk
Hogan y los dicharacheros productores del asunto ese de
la lucha libre profesional Yankee (WWF) le ficharon
en 1985 para girar con la rubia calva harta de esteroides;
estuvo un par de años con él hasta que se retiró y luego en
1994 volvió por unos meses para participar junto a ese otro
amigo de los niños en una reedición del evento, decir que
se aprovecho esta reedición para hacer una serie televisiva
con ambos como protagonistas.
Justo se encontraba realizando esta serie cuando se le diagnosticó
un linfoma, que lógicamente le hizo abandonar toda actividad
profesional: el cáncer linfático es una enfermedad brutal
y recuerdo de hecho que por esta época algún rumor en este
sentido escuche y le di por muerto (con gran lástima, siempre
le he idolatrado en cierta medida): sin embargo sus viejas
virtudes (?), engorilamiento y cabezonería le hacen superar
la enfermedad en el 2001, acuñando la adorable sentencia “El
Linfoma es duro, pero Mr T es MÁS duro”. Celebraría su
recuperación (y su inclusión en una lista inglesa entre los
100 personajes básicos de la Historia de la TV) con un regreso
a las pantallas de la mano de ese producto cultural de nuestros
tiempos titulado “No es otra estúpida película americana”.
En
definitiva, ¿qué nos deja este hombre?, ¿qué le hace grande,
clásico, además del calor con que suele asomar a nuestras
infantiles memorias?… pues sobre todo dos cosas, por un lado
sus gloriosas sentencias, declaraciones con un sello personal
inconfundible, entre las que buscando así rapidito hemos dado
con algunas a modo de ejemplo como: “Tengo talento y soy
versátil. Podría interpretar a Hamlet, aunque me parezca a
King Kong”; “Soy el mejor guardaespaldas, por que me
llevaría un balazo, me llevaría una puñalada, me llevaría
un golpe en la cabeza, soy como un piloto kamikaze. Al presidente
(ese Reagan…) le dispararon por que sus hombres se relajaron”;
“I believe in the Golden Rule – “The Man with the Gold...
Rules” precioso juego de palabras entre “reglas de oro”
y “el tío con oro hasta en las cejas, parte el bacalao”… Y
por supuesto“I pity the fool” (su frase más famosa,
su slogan personal).
La otra cosa que siempre nos quedará de Mr T es la
Quincalla, abundantísima, que cual Krusty el Payaso
negro y calvo ha ido dejando este hombre tras de sí: su influencia
sobre los infantes de medio mundo y la coincidencia del periodo
álgido de su fama con esa oscura época para la estética conocida
como Años 80 nos han legado una gloriosa colección de todo
tipo de objetos, a cual más estúpido, dedicados a su persona:
ponchos, pesas, camisetas, videos de fitness, libros de colorear,
gorros, muñecos, raquetas para la nieve (?), redes para pescar
atún (?)… de todo esto junto con el texto del articulo tendréis
un pequeño muestrario homenaje.
Y con esto concluimos el paseo por la vida
de Héroe, que no estabamos del todo seguros pero, ¡que hostias!
Merece un lugar en SpaceRockHeaters, pues ya lo tenía
en nuestros corazones… con un hilo fluyente de saliva en la
comisura y el candor tembloroso de los ojitos de un niño estrábico
Svinia se despide hasta la próxima pufa: see you in
the Bar, Boys and Girlies.
Merchandising: (disponible a traves de ebay)
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Anuario |
Camiseta |
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Camisetas |
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Muñeco de
Celebrity Deathmatch |
Cereales para el
desayuno |
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Chapas |
Comic |
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Comic |
LP |
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LPs |
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Figura de accion |
Gorra |
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Hucha |
Juego |
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Juegos |
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Juego de Cartas de
El Equipo A |
Juego de cartas gigante
de Mr. T |
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Juego de cartas gigante
de Mr. T |
Raqueta de paddle |
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Raqueta
de Paddle |
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Libros
para colorear |
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Juguete para la bañera |
Muñeco |
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Marionetas |
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Muñecos |
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Muñeco |
Muñeco parlante |
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Muñeco con
boca de pato |
Llavero parlante |
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Pegatinas |
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Puzzle |
Imán para
la nevera |
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Relojes |
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Sombreros de fiesta |
Taza |
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Muñeco
al que le crece el pelo |
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Pastilla de jabon |
Video |
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