"Cuando el infierno esté lleno,
los muertos caminarán sobre la tierra"
“Levanta la piedra, que voy con el palo”
Nosotros, personas audiovisuales, como los cursos CEAC, tenemos
la suerte o desgracia de compartir iconos generacionales concretos,
elementos culturales colectivos que a todos nos mueven la
barriguita, nos susurran al oído y, quizá a
los más recios (y apolíneos, a la sazón-
que ganas tenía de poner esto) íberos simplemente
les suena… el caso: que no escapa ni Dios, ¿a
que? Pues en este caso al concepto de Zombies… por que
sí amigos, somos la segunda Generación Zombie,
y por debajo de nosotros y llena de química, zurrupia
y desequilibrios emocionales se acerca una tercera, y sólo
ella es culpable, ella y nada más que ella, del doloroso
parto del artículo, indeterminado, como todos los de
Space, que Kanuto “El Montaraz” y la puerca Ubérrima
Svinia os dedicamos con el corazón sonriente y las
enaguas empapadas.
Pues culpa es de estos mostrencos consolados de la tercera
generación zombie-onanista que se halla reeditado la
épica “ZOMBIE” (Dawn of the dead), del
patriarca genérico George Romero, y ha sido recordar
aquellas escenas, aquellas mierdas en nuestros infantiles
calzones de nuestros primeros contactos con el tema Zombie
(personalmente con “Nueva York bajo el ataque de los
Zombies”, a la ruda edad de 6 años) lo que nos
ha provocado sordos espasmos de admiración sado-maníaca,
cuyo resultado además de ciertos residuos de poca consistencia
y mucho asquito ha sido el homenaje a una de las más
grandes trilogías que ha parido padre:
Y es que cojones, de entre todos los terroríficos
monstruos tratados en el cine, tenemos una inevitable predilección
por los Zombies (¿verdad cochinas?). Por varias razones
además, comunes tanto al barbudo como a la que menstrúa:
carácter apocalíptico, de destrucción
de la humanidad, el caos absoluto (y es que uno de vez en
cuando es muy "Mr Snoid", más de vez que
de cuando, por suerte para la casa Heineken) que encierran
siempre las películas que tratan sobre estos inquietos
muertos o quizá sea debido a ese carácter tan
borreguil, ridículo y a la vez aterrador que provoca
la visión en el televisor de seres demacrados, de nivel
mental cero, representantes máximos del género
bobo, del dame pan y dime tonto, que lo único que les
mueve es comer carne humana y pulular por la tierra sin orden
ni concierto. Sea como fuere, lo que no tienen discusión
es que dentro del mundo Zombie hay un nombre, una película
y sus dos secuelas que son como el cabrón del padrenuestro,
con su Radio Edit y su Dance Remix, que conformaron el universo
Zombie más completo que se haya hecho jamais de la
vie, aprovechando todos y cada uno de los momentos de sus
films para tratar de entretenernos, asquearnos, asustarnos,
hacer crítica social y sobre todo buen cine. Señores
vivos y Señoras de anchas espaldas y torneadas pantorrillas,
con Ustedes: THE NIGHT OF LIVING DEAD TRILOGY.
THE
NIGHT OF LIVING DEAD
Director: GEORGE A ROMERO
Guión: JOHN A RUSSO
Historia: GEORGE A ROMERO
Productor: RUSSELL W STREINER, KARL HARDMAN
1968.
Judith O Dea: BARBARA
Duane Jones: BEN
Karl Hardman: HARRY COOPER
Keith Wayne: TOM
Judith Ridley: JUDY
Marilyn Eastman: HELEN COOPER
Russell Streiner: JOHNNY
Kyra Schon: KAREN
Pues si niños, por que si las Huestes del Káiser
parieron la Europa moderna en el 14 y la Bomba atolómica
del Imperio del Hoola Hop le dio el par de hostias en el culo,
con el terror moderno está película haría
las veces de Klaus con bayoneta, con “La Matanza de
Texas” como bomba de la risa (venga, ahora a discutírnoslo,
cabrones), para otros es simplemente una obra maestra pero
de lo que no cabe duda es que La Noche de los Muertos Vivientes
es un claro ejemplo donde la imaginación y el buen
hacer siempre serán más importantes que la pasta
a la hora de hacer una gran película: la nouvelle vague
de la casquería.
El filme, a pesar de la escasa complejidad a priori de la
trama, encierra multitud de guiños y, por que no, ataques
frontales a la sociedad y sus habitantes (negados siempre
por los creadores, aunque utilizados en las secuelas), que,
de simples, son cojonudos y llegan tanto al leñador
como al velludo urbanita, sin dejarse a la adolescente Koreana:
por ello mismo también son enteramente disfrutables
para aquellos que no quieran ver más allá que
una horror movie, ahí esta el tema, si lo pillas bien
sinon, Peres. Esta tónica, mantenida y potenciada en
las dos secuelas se basa en un general desdén por la
sociedad occidental en general, el grupo humano en particular
y, en esta primera película, por la institución
familiar en concreto, esa cosa que tiene hijos, gasta perras
y vive dentro de casas.
Tomando como referencia más significativa el libro
SOY LEYENDA (Richard Matheson, guionista entre otras de "el
increíble hombre menguante" y "el diablo
sobre ruedas"), George Romero y sus colaboradores se
fueron de ronda y nos regalaron una de las piezas fundamentales
del cine popular, al margen (y al pie de página también)
de etiquetas.
Sencillo
como una bisagra: debido a unas radiaciones de esa peazo de
carrera espacial de la epoca aquella del proyecto Apollo,
los muertos comienzan a salir de sus tumbas con el único
propósito de alimentarse de carne de persona americana
sin necesidad de pasarla por la sartén. Así
el planeta se va llenando de tan entrañables seres
movidos por la gula ya que van incorporando nuevos adeptos
a través de sus mordeduras, bocas sanas señora.
Con este negro panorama de fondo, la película narra
como un par de hermanos testigos de Jehová (o casi)
se van a ver la tumba de la mama y resulta que en vez de venderles
flores se comen a uno de ellos y a la otra la dejan tarumba:
tras huir con la gracia y la resolución de las bailarinas
heroinómanas la lectora de Atalaya superviviente se
va encontrado con una serie de seres de diversa índole
que coinciden en su huida en una destartalada barraca en medio
de la nada, una verdadera barraca destroyer: sus peripecias
en pro de la supervivencia marcaran el resto de la película.
Y entre la recua de seres está Ben, negro recio que
asume neanderthal(o cual)mente el liderazgo del grupo, Bárbara,
la que se quedo boba al ser perseguida de cerca por un zombie,
que no le dio por culo pero se machaco a su hermano gafudo,
Judy y Tom, pareja de adolescentes con retraso o asi, a la
altura de un caniche en cuidado físico y complejidad
de comportamiento y el matrimonio Cooper, con Helen, la megamadre
de anuncio de aspiradoras que con el transcurso de la acción
va descubriendo además una resignada tirria cálidamente
familiar respecto a su calvo, cabezón, inseguro, persona-de-orden
marido, Harry, capullete que lo único que le importa
es salvar su culo sin importarle el de los demás: entre
ambos se las apañaron para parir a una pre-puber herida
por la mordedura de un Zombie, a la que tienen tirada en una
tabla de planchar, como un cacho de tocino, el 90% de la acción.
Y
aquí es donde esta la miga: la choza se convierte en
un micro universo con una serie de seres en situación
límite, en la que los valores sociales cristaos pugnan
con el barbarismo de tercera propio del ser humano en estado
natural, y en este cazo bullente se disuelve cual pastilla
de avecrem la sólida, papista y amiga de la Ford familia
Nuclear (no policial) americana: tras sacudir una serie de
garrotazos a los primeros absurdos, despistados, asistemáticos
Zombies, comienzan los enfrentamientos continuos entre Ben
y Harry (machos dominantes) por el liderazgo del grupo en
torno a dos posibilidades de salvación: según
Ben (negro, soltero= persona peligrosa) han de quedarse en
la parte de arriba de la casa y luchar por escapar mientras
que Harry (blanco, casado = cagado y egoísta) propone
que vayan al sótano a esconderse hasta que alguien
pueda venir a rescatarlos, la colgada y los novios retrasados
babean mirando y se acaban arrimando al que mas grita y mas
pelo tiene: Ben, que es el hombre resoluto, el caudillo primigenio,
el Capotan Trueno de la sociedad de consumo: con esta pugna
en el interior la casa se ve progresivamente sitiada por hordas
de malolientes cadáveres con una gula desaforada y
una deliciosa cadencia al moverse.
Tras las primeras pugnas, aquellos restos que aun quedan
de conveniencia y sistema social hacen que Harry y Ben y con
ellos todos los seres hagan fuerza común para hacer
de la casa un fortín e intentar escapar con una camióneta.
La muerte en este (chapucero) intento de escapada de Tom y
Judy, los bellos héroes de instituto cuyas tripas acaban
siendo públicamente roídas por los yonkis, dispara
la tensión, arde troya y los hominidos se lían
a garrotazos, disolviendo todo resto de enlaces sociales:
la institución familiar en concreto recibe el golpe
mortal cuando la pequeña Cooper, la de la tabla de
planchar, completa su conversión en no-muerta y se
carga a la mamá. En la parte de arriba, el puchero
sigue cociendo con Ben que, harto ya de Harry, le mata de
un balazo mientras Bárbara es comida por su propio
hermano. Ante esta situación, Ben decide esconderse
en el sótano, total, ya no es el macho dominante de
ninguna manada.
Con este anticlímax parece que la acción ha
concluido, de una manera curiosa ya que el aparente héroe
se ha salvado sacudiéndose imperceptiblemente a sus
compañeros de travesía y adoptando al final
el plan del anti héroe; sin embargo esta película
es puta, mas que Rita: en las campas imperiales se han organizado
cacerías de Zombies por parte del ejército y
voluntarios con el carnet del NRA en toda regla.
Uno
de esos grupos llega hasta la casa donde se oculta el negrito,
que muere de un disparo en la cabeza al ser confundido con
un Zombie.
Todos cascan: la película es un reflejo en toda regla
de los diversos grados de estupidez humana: en un momento
de máxima tensión, una situación límite
como pocas, los personajes no atienden a racionalidades. Ben
se erige líder del grupo en un golpe de estado y obliga
a todos los demás a llevar a cabo su plan de salvación
(siendo lo más irónico de todo que al final
es la idea del Sr Cooper la que le salva momentáneamente
el pellejo), algo que a Harry le pone de más mala hostia
que todos los zombies juntos, viéndose que por encima
del interés común prima el ego y el ismo, tanto
así Harry muere a manos de Ben.
Cabe destacar también las diversas interpretaciones
que se le han dado a ciertos hechos de la película
que bien convienen señalar, teniendo también
muy en cuenta el año en el cual nos encontramos, 1968,
y todo lo que ello conlleva. Según leímos en
"La noche de los muertos vivientes" (Borja Crespo.-Ed
Midons), en el único momento de todo el metraje en
el cual no discuten es cuando están viendo la tele.
No sabemos si esta situación fue o no pensada por los
guionistas, pero es un reflejo fidedigno de la sociedad del
cómprame, que yo te vendo y la TV, su profeta.
Otro de los detalles curiosos son los supuestos ataques a
la familia: El matrimonio Cooper no es ni mucho menos un camino
de rosas, siendo una unión destruida y altamente contaminada.
Unido a ello está el hecho de que la niña convertida
ya en Zombie mate a su madre y de que Bárbara sea devorada
por su hermano. La familia nuclear es la célula (obviamente
cancerígena) de la sociedad moderna..., Siniestro Total
decían algo de esto, creo. Los responsables de la película
niegan todo esto, y en su derecho están, pero es difícil
obviar la claridad de estas implicaciones, sin necesidad de
estudiar ingeniería.
Como colofón humorístico y optimista de nuestro
futuro, esas cacerías circenses donde se disfruta disparando,
"matando", con unas buenas birras en el cuerpo y
con una ferocidad inusitada: en la escena de la batida anti-zombies
los otrora terribles seres caníbales del no mundo se
ven reducidos a ciervos borrachos con la pata quebrada, cayendo
a puñados ante los tiros de los que de verdad dan miedo:
los bigotudos ciudadanos del Imperio Playskool.
En lo referente a la película en si, cabe destacar
su blanco y negro (aunque se rodase así por cuestión
monetaria, no por estética) que le da una mayor profundidad,
su carácter realista con la inclusión de los
noticiarios televisivos, el clima insano y claustrofóbico
que hay en la casa, metáfora de una claustrofobia MUNDIAL,
la tensión, fruto de la inexorabilidad de la situación
(el síndrome del there is no place to hide) se puede
masticar y esa broma pesada que es el final, humor negro absoluto,
con la muerte del Idem.
Lo dicho, la madre del cordero.
DAWN
OF DEAD
Director: GEORGE A ROMERO
Guión: GEORGE ROMERO
Historia: ORIGINAL
Productor: RICHARD RUBINSTEIN
Perrinas de: DARIO ARGENTO
1978
David Emge: STEPHEN ANDREWS
Ken Foree: PETER WASHINGTON
Scott H. Reiniger: ROGER De MARCO
Gayleen Ross: FRANCINE PARKER
Y pasan diez añitos, vienen los colores (de la mano
de las perras de Darío Argento y su productora Goblin,
glorioso Héroe de la Italia de los 70 de la mano de
Sergio Leone y Aldo Moro) y la historia se retoma y recobra
impulso en una película quizá menos íntima
(sin dejar de serlo), pero si más masiva (el presupuesto
se ha multiplicado por 10), más apocalíptica
e igual de inexorable que la anterior, pero con otras magnitudes:
Si en la primera había que romper la célula
menor del País del Ketchup, la familia de corbata él
y plancha ella, en esta se trata de la crónica de la
destrucción de la siguiente escala de magnitudes del
sistema, las ciudades en que esas familias viven y los Malls
en que compran las dichas corbatas y planchas: se nos narra
la ruina de la sociedad de mercado, como quién dice,
el fin de occidente.
¿Que me sobrecoge más del relato de este hundimiento?,
su ritmo lento, pero imparable, como la disolución
de un Alka Seltzer en agüita caliente, los mismos tentetiesos
caníbales de la primera parte, esta vez con un estiloso
tinte cerúleo en la faz, se encargan ellos solos con
su tambaleo y su darle al palillo de fumarse el cinturón
del noroeste del Reino del Frishbee y amerendarse después
su sistema de consumo.
Con
este planteamiento tan bonito, tan setentero y tan italiano,
con toda esa raíz original pero sin oler tanto a Tenneesse
(aunque ambas fueron rodadas en Pennsylvania), George Romero
se encarga de apuntarse otro clásico irrepetible, en
la que tantos han definido como la mejor película de
muertos vivientes de todos los tiempos (dos décimas
por encima de “Juan Pablo, el Hombre”).
Y es que los Zombies ya son legión y no hay quien
pare ya la epidemia. Las colmenas de niggers de las urbes
del este se petan de Zombies envueltos en periódicos
como capullos de gusanos de seda, o quizá bocadillos
de mortadela. En lo más atroz de la crisis la sociedad
urbana se diluye al ser incapaz de tomar acciones resolutas,
quedando sólo pequeñas células de resistencia
que se desgajan de un medio que se muere y se come a si mismo:
Huyendo del horror en el asfalto, dos SWAT, una periodista
y su novio piloto deciden huir en helicóptero dios
sabe donde, por que la cosa está bien malita. Y si
la familia se refugio en su templo, la casita, ¿cual
es el templo donde se reune la grana de la sociedad urbana?
Pues el Carreful, y allí van los seres, con una nueva
versión de negrata resoluto, el triple de quemado que
el anterior, una pareja de funcionarillos vagos y jediendo
a Nepote y un vaquero de metrópoli al que la cabeza
le humea al mismo ritmo que la escopeta.
Su
anterior solaz es ahora su tumba y elegido es pues para el
descanso en la huida un Centro Comercial lleno de Zombies
por todos los lados. Deciden quedarse una temporada ante las
ventajas que propone el lugar, donde hay de todo lo que puedas
imaginar y gratis. Así, los 4 ocultos en una pequeña
habitación que da al tejado, van dejando fuera de combate
a Zombies como cosa de risa, pues de día y en vaqueros
parecen el triple de bobos, consiguiendo finalmente que el
Centro Comercial quede para ellos solos y convirtiéndolo
en su paraíso particular.
Pero no dura el tema y tras descabellar a un harekrishna,
dos cajeras y tres leñadores un grupo de Hell Angels
con aspecto de futbolistas alemanes del mundial de Argentina
decide saquear el local, dejando entrar a todos los zombarras
que se apilaban en las puertas del Mall esperando a que llegaran
los 8 días de oro.
Al funcionario se le afloja el gatillo y se lía a
tiros con los Sthielikes y Rummenighes de cuero tachonado,
en un intento de proteger su territorio ante la entrada del
enemego, provocando el caos absoluto. Con el Hillbillie urbano
ejecutado a manos de su amigo debido a su próxima conversión
en un comecarne al ser mordido en la pierna, el piloto-funcionario
convertido ya en Zombie en la incursión contra los
moteros y llevando a los demás muertos de careto azul
al escondrijo de su novia y el Negro SWAT, estos deciden escapar
con el helicoptero: huida hacia delante, fundido en negro
(justo después de que casi se funda a si mismo).
En
esta maravillosa segunda parte, Romero nos vuelve mucho más
agresivo en todos los aspectos aunque sin el factor sorpresa
de la primera, con miles de escenas históricas mamasitas
de la conversión en clásico de la cinta.
Eligiéndolas a la buena Dios, una de ellas es que
será de las pocas películas en las cuales dentro
del grupo de protagonistas se rompe el clásico de las
películas de tensión y aislamiento ni hay un
traidor, ni el típico "malvado" haciendo
putadas innecesarias y que acaba jodiéndolo todo. La
desastrosa convivencia entre el grupo de la primera parte
da paso a un buen rollo, amistad y organización por
salvar el culo en esta segunda, lo cual no deja de ser curioso
y difícil de encontrar en el cine: a pesar de todo
hay un desencanto sutil en el líder del grupo que demuestra
que, aun seleccionando lo mejor de ella misma, la humanidad
esta tan sodomizada como cualquier checa después de
caer el muro.
La
crítica social en este caso es mucho más directa,
potenciando la semilla de la misma de la primera película
al calorcito del horror y pesimismo que inunda, con gran placer
para todo Spacerockero que se precie, la cultura setentera
(yankee, como todas las culturas del 49 para aca), toda ella
cagada por el paro que hacen los moritos al subir el precio
de la Gasollina y los dolores que les hacen los chinos sin
dientes en las batallas, incidiendo en la estupidez y egoísmo
humano. Ahí tenemos por ejemplo a los moteros, que
se toman todo como un jodido juego, arriesgando su vida y
la de los demás de una forma absurda y aleatoria, a
la vez de disfrutar ejerciendo la violencia sin sentido, al
más puro estilo de los merodeadores de las arenas:
nómadas outlayers para el niño y la niña…
pero es el puñetazo que se le da a la sociedad de consumo
la base fundamental de la historia.
La elección del centro comercial no es gratuita, y
el mismo aun lo puedes visitar en Monroeville (Pennsylvania);
propiedad de unos ameguitos de Romero, una de las anécdotas
más curiosas del lugar es la música ambiental,
grabada en directo por que el equipo de rodaje no tenía
ni puta idea de cómo se desconectaba cuando saltaba
automáticamente por las mañanas; en cuanto a
lo fílmico, decir además de lo cagado unos párrafos
más atrás, que allí vemos a los Zombies
ir de tiendas como idiotas ("este era un lugar muy importante
en sus vidas"), en plan borrego: el centro comercial
como templo de la vida actual, en el que vivos y no-muertos
despliegan cada cual sus mejores armas: los primeros la astucia
y la capacidad de organización, los segundos su cabezonería
irracional, su número masivo, su pegajosa mortandad
a paso de carreta, en definitiva, tooooooodo el tiempo del
mundo de su parte y con la mayor de las paciencias que se
puedan concebir. Tampoco faltarán los defectos de cada
grupo, con los vivos llevándose relojes, anillos o
incluso dinero al más puro estilo disturbios en Nicaragua
en un momento en el cual su valor es más que discutible
(siendo el dinero el que precipita el final, ya que el piloto
dispara contra los motoristas justo cuando los ve cargando
con el dinero de la caja "ese dinero es mío").
El apego a lo material en una situación donde no queda
claro el sentido de unos dólares en la situación
en la que se encuentran, llegando a un tiroteo entre humanos
que los Zombies aprovechan para almorzar con los caídos
y despistados
¿Quién
es más bruto?
Da caquita también el comienzo de la película
en la cual podemos ver como dos tertulianos, a la altura de
cualquiera de los que vemos en los programas de nuestra bendita
televisión, discuten sobre el tema Zombie a grito pelado,
en un grado de engorilamiento supino mientras la verdad, the
real problem, estaba ahí fuera. Vuelve a ponerse de
manifiesto la ausencia de comunicación, la necesidad
del hombre por tener la razón por encima de todo aunque
esas "razones" no tengan ni valor ni aporten soluciones.
No falta el humor, que Romero añade a esta entrega,
elemento absolutamente ausente de la anterior: los Zombies
son terribles a un tiempo risibles a otro (los terribles Italianos
desarrollarían esta faceta hasta el paroxismo a partir
de esta fecha): destaca la escena en la cual los Bundesmoteros
hacen una pelea de tartas con los estúpidos Zombies
creando una situación realmente original, absurda e
hilarante, rompiendo el contexto en que se incluye.
Destacable por ultimo que, aunque el final parece menos negro,
es el negro, de nuevo quien se encarga de hacerlo aun peor,
pues quedaran dos seres en pie pero sin ninguna esperanza:
el mundo lleno de Zombies, el combustible acabándose
(es decir, la sociedad tecnológica se va tomar por
culo) y sin existir ningún lugar donde huir: los tentetiesos
de la risa han ganado a los puntos y la humanidade se retira
a agujeros profundos, a seguir dándose por culo, como
si fueran todos frailes. ¡que bonito es el Apocalipsis!
No olvidar de todos modos que Romero tenía escrito
un final diferente que, pena penita PENA!!! Fue cambiando
en el último instante: en él, el negro se apiola
a si mismo con la pistola cuando consigue hacer subir a Fran
(la funcionaria) a la azotea, en lugar de cambiar de opinión;
ésta, una vez arriba, se da cuenta que que hostias
pinta ella sóla en el mismo y se hace decapitar por
las hélices del helicóptero, acabando la película
con la imagen del mismo en el momento de quedarse sin combustible
en la azotea… más Romeriano y más del
gusto de nosotros, que siempre llevamos el mal en nuestros
corazones: una verdadera pena.
DAY
OF DEAD
Director: GEORGE A ROMERO
Guión: GEORGE A ROMERO
Historia: ORIGINAL
Productor: DARIO ARGENTO
1985
Lori Cardille... SARAH
Terry Alexander .... JOHN
Joseph Pilato .... CAPITÁN RHODES
Jarlath Conroy .... WILLIAM McDERMONT
Anthony Dileo Jr. .... SOLDADO MIGUEL SALAZAR
Richard Liberty .... DR. LOGAN
Sherman Howard .... BUD, THE ZOMBIE
Tercera y última parte de la trilogía, en la
que Italia reina definitivamente en estética y en perramen
y el poder evocador de las dos primeras se hace caquita en
las bragas. No por ello deja de ser una buena película
de terror, con las generosas dosis de apochalipsys sindrome
requeridas por el vil populacho (del que formamos parte casi
de rebote, como miembros repescados, de exigüo tamaño).
Los Italianos llevan para esta época cierta ventaja
en la carrera zombal sobre YanKilandia, y la influencia de
mil y un títulos aparecidos entre el 1978 y 1985, a
medio camino entre La Isla del Dr Moreau, las influencias
de los dos clásicos y “Que viene el Divorcio”
de Mary Ann Ozores (en cuanto a calidad del humor desplegado),
pesan más que los cojones de Marichalar (ese hombre).
Con una primera escena mezcla de la Guerra RusoAfgana, las
calles de Madrid en el 23 F y de destino de turismo sexual
post Nuclear, somos testigos del mundo tras la victoria aplastante
de los Zombies: las imágenes de la ciudad completamente
devastada, olvidada y totalmente muerta provocan la angustia
de la novicia, el canguelo del economista y la sonrisa espúrea
del pancartista y/o antisocial, que viene a ser lo mismo:
a la llamada de los megáfonos de una patrulla de rastreo
científico militar sólo contesta el rey de las
calles: el muerto que camina…
Por
que cerrando algo en falsillo el telón, Romero &
Boys nos presentan en esta última entrega la crónica
de la derrota definitiva de la Galicia Humanidade a través
de la caída de su último bastión, la
destrucción del elemento que está en la cúspide
del sistema previamente borrado del mapa en las dos entregas
que corren detrás de esta: el complejo científico-militar.
Pues en un mundo que llevaba 30 años obsesionada con
sobrevivirse a si mismo, cegada con crear sistemas de supervivencia
imposible para la destrucción que sólo el puede
provocar, es en las células aisladas creadas a tal
extremo donde se extingue definitivamente la llama del oeste
con perras. La acción se desarrolla en un complejo
militar en el cual conviven científicos, militares,
un negro y un yonki, fontanero y lampista respectivamente,
que siempre hacen falta. El hecho de que haya militares da
por hecho que la estupidez va a estar más que presente
y así se demuestra durante todo el metraje creándose
dos grupos: los de uniforme verde por un lado y los curritas
y científicos por otro, ambos firmemente unidos por
la zoquetería y el mongolismo propio de cada gremio:
no hay vuelta de hoja.
La
cosa se resume en las típicas pugnas de sidrería
de que si yo soy mas guapo, yo salto más, que si me
la follo yo, que si no te sale barba so mariquita, todo ello
con sendos madmans a cual más opuesto: el científico
tronado y el militar poseído por Mussolinni. En ese
viciado ambiente subterráneo de tontería supina
sendos madmans comparten un equilibrio muy precario, al depender
los militares de las soluciones científicas y los segundos
de las ametralletas de los poco aseados y siempre pitudos
defensores del sistema.
A medio camino los curretas, que tal como hoy sólo
piensan en privar y pasar el rato trabajando lo menos posible,
lo que los convierte en los personajes más interesantes
de la película: destaca el negro, que tras la heroicidad
de los negros anteriores en esta parte se ha retirado de la
lucha, se limita a enclaustrarse en una autocaravana, como
tantos holandeses, siendo su pasividad el símbolo de
que lo mejor de la raza humana ha tirado la toalla. De hecho
en la escena que transcurre dentro del miniparaiso de ese
negro John con aires de follador de extrarradio aparece contundente
la nostalgia de un mundo perdido, pues lo que hay en la base
no es ya humanidad defendiendo su sistema: este ha muerto,
lo que queda son perros rabiosos y/o mongolizados acabando
unos con otros con mordiscos sin fuerza y humor cuartelero.
Pues
es precisamente esto lo que le resta puntos a la película,
además de la pobre interpretación de la mayoría
de los actores, el humor de tercera que se despliega en torno
a las monerías del Zombie simpático y las zascandiladas
del Doctor Bobo: quizá por eso fue prohibida en Alemania,
Finlandia y Noruega.
El dicho Dotor, aprendiz de Mengele que trabaja con zombies
convencido de que puede llegar a hacer de ellos unos Furbis
cualquiera y convertirlos en seres inofensivos con los que
podamos convivir y estudiar el BUP, tiene en su laboratorio,
además de trozos de Zombie a los que enseña
a tocar la armónica y batir claras, a BUB (el Zombie
simpático, la madre que lo parió), un Zombie
de militar muerto al que pretende hacer recuperar la conciencia,
a base de walkman, libros de Stephen King y pruebas nivel
cobaya
Por otro lado los soldaten der deutschland, que hasta cuando
andan cogiendo a Zombies para las chuscas del medicucho sólo
piensan en follar y en ver quien la tiene más grande,
encajan por esta desconcentración bajas catastróficas,
creciendo la tensión hasta que el oficial maloso toma
el poder en plan pusch de la cervecería e impone el
código de sus santos cojones: los Zombies mientras
tanto, siguen aporreando la puerta en el exterior, como tantos
aficionados en la ciudad deportiva del Real Madride.
Con
una mujer en medio que tiene la desgracia de ser la única
que piensa y a la vez el objeto húmedo de persecución
de cada uno de todos los churros, el Jefe de los militares
rabioso perdido mata al científico Turuleta y Bub el
zombie saltimbanqui no tarda mucho en dar un pasito para pasar
de zombi ululante a humanoide pistolero, matando a tiros al
Mussolinni ochentero en venganza por la muerte de su "papaito".
Curiosa lectura se puede hacer de todo esto: La acción
más importante que hace el Zombie más cercano
al ser humano es recordar el manejo de las armas como militar
y llevarse a alguien al otro barrio, no movido ya por el ansia
de comer carne, si no por algo tan cristiano como la venganza.
Es una de las escenas más desesperanzadoras para la
raza a la cual representamos. Muy Sexpistoliano todo: No Future
baby.
El final es de una truculencia exquisita, con los Zombies
ocupando el complejo y dándose un "beggar's banquet"
con la tropa, escapando la científico y los curretas
en helicóptero a una isla desierta, aunque esto no
queda del todo muy claro si es un sueño o realidad.
Y de un tiro en nuestro baboso cerebro enterramos este humilde,
sentido y bravido homenaje a una de nuestras trilogías
favoritas del celuloide, deseando, como deseábamos
de pequeñitos, que si algún día todo
lo visto llega a convertirse en realidad, estar aquí
para verlo, por que siempre es bonito ver como se rompe el
planeta, más si la rompición se produce a paso
de carreta, oh! Ah!
Space se Despide de vosotros una vez más tras el coñazo
suministrado, amenazando con un pronto regreso a la perniciosa,
por recurrente, tontuna pasajera.
Besitos de amor de los muy vuestros
PD: que pereza y que horror hablar de los remakes de 1990y
2004!!!!!!!!!! Aaargh!!!!!! Decir únicamente que, sin
abandonar el entretenimiento que puedan ofrecer, son en general
más simplonas, más superficiales y más
bakalaeras que las originales, como casi todo que se refríe
de Bush padre para aca, Besitos!
|