SWAMP
THING: UNA BANDADA DE CUERVOS
Alan Moore al guión. Stephen Bissette, John Totleben,
Stan Woch, Rick Veicht, Randall y Alcalá al dibujo.
Norma editorial.
Cuando
Len Wein y Berni Wrightson crearon a la Cosa del pantano sólo
era un monstruo más, un error de la naturaleza, otra
encarnación más del hombre del saco. Alan Moore
llenó esa carcasa vacía creando a su vez un
universo propio y unas maneras narrativas sin las que el Sandman
de Neil Gaiman y compañía jamás habría
sido posible. Al estilo de un dios regaló su creación
y dotó de profundidad a la insulsa continuidad DC.
El autor inglés no podía limitarse a colar sus
particulares homenajes a los tebeos de la EC, tuvo que aunar
la cultura hippie sesentera con el introspectivo horror a
la Edgar Allan Poe. En éste cuarto pantanoso volumen
recopilatorio con que nos salpican Norma editorial todos estos
detalles quedan bien de manifiesto. Desde la historia Fruta
Madura con ese personaje típico de la fauna
del amor y la paz, presto a probar cualquier sustancia con
aspecto psicotrópico que caiga en sus manos.
Dicen que Alan Moore emplea un folio en describir muchas de
las viñetas de su obra, agobiando al artista de turno
con copiosa información acerca de los aspectos más
superficiales en apariencia de su dibujo. Carteles del concierto
de los Allman Brothers Band en el Fillmore
East, camisetas de Grateful Dead y tebeos
de los Freak Brothers conviven con viajes
cósmicos a causa de sustancias naturales. Más
adelante comenzará con El Hombre del Saco,
la más importante saga de este personaje en la que
John Costantine, el demonio Etrigan, el Espectro y hasta Batman
incorporan su granito de arena. La cosa tendrá su encuentro
con la sabiduría pura y afianzará sus lazos
con la naturaleza gracias a la comunidad vegetal de El
Parlamento de los Árboles, en un corto y bello
cuentecito. Tras todo esto se enfrentará con un curioso
apocalipsis de sectas, misticismo y gigantescas entidades
del mal, mientras Moore desarrolla la interesante relación
entre Abby y la Cosa en magistral lección de narración
paralela.
Pocas veces tendréis la oportunidad de leer un clásico
del cómic moderno como este en una buena edición,
que si bien tendrá sus fallos, yo no se los encuentro.
Me basta con que no se desencuaderne a la primera lectura
como algunos prestigios de Vértigo. Además,
ahora que tan de moda están los alegatos antibelicos,
en La Danza de los Fantasmas se encuentra
uno de los mejores contra las armas de fuego, en que el terror
surge de las pistolas y rifles y los cientos de muertos causados
a la vez que el terror inunda una laberíntica casa.
En suma, un “must have” como dirían los
yanquis que como toda la producción Moore se presta
a varias relecturas.
HELLBLAZER:
TIEMPOS DIFÍCILES
De Brian Azzarello y Richard Corben.
Norma Editorial.
Antes
hemos hablado de John Constantine, personaje creado por Alan
Moore y tomado prestado por todo un elenco de magníficos
guionistas como mi adorado Jamie Delano, Grant Morrison, Garth
Ennis o Neil Gaiman. Salido de la Inglaterra de Margaret Thatcher
y ex miembro de una cutre banda punk, además de mago
ocultista e hijoputa cínico por naturaleza cae en manos
del autor de 100 Balas. En su primera visita
a la cárcel, ya ha visitado múltiples instituciones
mentales en sus regulares vacaciones de la realidad, hace
buena la frase: No estoy encerrado aquí con vosotros,
vosotros estáis encerrados aquí conmigo. La
cárcel se convertirá en una trampa para los
reclusos, que a pesar de sus crímenes llegan a dar
pena por momentos, y el horror campará a sus anchas.
Si anteriores encarnaciones de éste descendiente de
una saga inglesa de familiares traicioneros y sucios, optaron
unas por convertirlo en un despojo humano, otras en fauna
chulesca de pub británico y las menos afortunadas en
una auto parodia; Azzarello con su dominio de la jerga del
guetto prefiere que sea el resto de coprotagonistas del libro
los que describan retazos subjetivos del mago encerrado. Primero
un preso entregado a los caprichos sexuales de un enorme negro
que cree que Constantine trata de ligarse a su escudo de carne,
más tarde el jefazo mafioso de la prisión que
adopta a nuestro amigo por su temeridad al encarar a las diferentes
facciones carcelarias y en último lugar el encargado
de solucionar el terrible lío organizado en la penitenciaría.
Una montaña rusa que atrapa por las pelotas desde la
primera viñeta y que aunque no aporte nada al personaje,
proporciona toneladas de entretenimiento violento de la clase
a la que nos tiene acostumbrados el guionista americano. Evitando
los lugares comunes a los que estamos acostumbrados los fieles
lectores del personaje con habilidad, Azzarello dosifica los
momentos desagradables y el humor para crear un espejo coral,
lleno de humanidad en el que reflejar la infernal estancia
entre rejas.
No podría ser posible este libro sin la esencial colaboración
del experimentado dibujante Richard Corben, autentico oasis
entre el triste panorama de imitadores que es el comic americano.
Dueño de un estilo propio, plasma el carisma de cada
personaje con ese puntillo canalla tan identificable en la
mejor época del tebeo para adultos. Lástima
que se eche de menos su labor a la paleta de colores pese
a la labor interesante de James Sinclair, marcando de gris
y azul ese ecosistema carcelario.
Es fácil resaltar la primera parte de la historia como
la más original con Constantine tirando de las orejas
a musulmanes, skinheads, hispanos y a todo el que se le cruza
por delante. Si bien la segunda mitad tiene un sabor a dejá
vu con la época Grant Morrison de Hellblazer,
ese festival de máscaras que se convierte en festival
de instintos y perversiones. Pero detalles como la ceremonia
de la ceniza, el duelo dialéctico del final o la plasmación
realista de la vida en el trullo hacen de Tiempos
Difíciles
una de las indispensables adquisiciones mensuales para todo
buen aficionado a la historieta de terror que se precie de
serlo, sobretodo en un subgénero tan poco tanteado
como el carcelario, más explotado en su equivalente
cinematográfico.
Esta
semana las recomendaciones son escasas pero jugosas, ya sabéis
romped la hucha porque el material reseñado bien lo
merece.
Kimota! |