KEEP ON TRUCKING ROBERT CRUMB!
 
“Recuerdo que una vez Janis Joplin me dio un consejo, me dijo ¡Crumb qué pasa no te gustan las chicas o qué! Claro que me gustan las chicas que te crees ¡Bueno pues déjate crecer el pelo, ponte una camisa de satén, una chaqueta de terciopelo, unos pantalones de campana, unos zapatos modernos y verás como funciona, pero no podía hacerlo, todo aquello me parecía estúpido, no iba conmigo”

“Cuando paso un tiempo sin dibujar empiezo a volverme loco, me deprimo y tengo impulsos suicidas, claro que a veces cuando dibujo también me entran ganas de suicidarme”
Robert Crumb, autor de cómic

“Él están en el arte y en la música por placer. Esta es una de las razones por las que es un artista tan interesante”
Gilbert Shelton, autor de Freak Brothers

Es todo un placer tener a Robert Crumb en nuestro ancho de banda, al menos. Los afortunados pueden verlo de vez en cuando en algún salón del cómic francés o tocando en algún lugar del pais vecino, donde reside. Al menos en Slumberland esta semana le seguimos la pista y ofrecemos unos datos conocidos de sobra por muchos o no, pero aquí va de homenajes a nuestros seres queridos, ya sabéis. No vamos a recurrir a las etiquetas habituales porque me da que el bueno de Robert se enfadaría con nosotros.
Creo que la mejor manera de presentar a Robert Crumb es recomendar el visionado del documental sobre su vida que es mi principal fuente para escribir estas líneas. Mi otra fuente son sus cómics, que deberíais pillar cuanto antes. Afortunadamente tenemos por estos lares bastante material gracias a Berenguer y su santa Cúpula como luego comentaremos. No todo el mundo está preparado para su humor despiadado, pero desde luego toda la órbita de spacerockheaters tiene el carnet de abordo en esta misión divina.
Terry Zwiggoff no es un realizador muy conocido. Se dio a conocer con este documental, Crumb, producido por el insigne y reverenciable David Lynch en 1994. Y su siguiente obra fue Ghost World, adaptación del cómic homónimo realizado por Daniel Clowes, uno de los autores de cómic actual más interesante. Como ya dije aquí hace tiempo, muy recomendable su último trabajo, David Boring editado por La Cúpula. Pero el documental Crumb le quedó impresionante. No por su habilidad técnica, ni por la pericia de la cámara ni por ningún aspecto técnico en especial, todo está en su lugar sin llamar la atención y con muy buen gusto. La mayor atracción es el fascinante mundo, la terrorífica familia, la extraña personalidad y lúcidos comentarios de su protagonista Robert Crumb. Zwiggoff encontró a gente muy interesante para comentar la obra de Crumb, con críticos de arte y editores que conocen ampliamente sus cómics y están capacitados para opinar correctamente. Al igual que para comentar su vida, como veremos. Crumb es un tipo que no recibió educación formal, ni clases en ninguna escuela de arte, sin embargo es uno de los grandes de la viñeta, el autor más inclasificable y posiblemente el que haya creado más ingente cantidad de material. Tiene la misma facilidad para dibujar formas monstruosas y alegóricas que para el realismo y las formas humanas, el mismo talento para colorear que para dejar la con ese reconocible trazo limpio y grueso en su blanco y negro. Parece sacado de un pueblo rural americano de los años 20, con su sombrerito de paja y ropas poco llamativas. Se masturba cuatro veces al día, incluso con sus propias creaciones, es un inadaptado social que navega a contra corriente en todo momento y que tiene como norma seguir sus principios sin dejarse avasallar por la charlatanería del mundo moderno. Empezó a dibujar viendo a su hermano mayor Charles y con corta edad hacían ambos dibujos impresionantes que pueden verse en el documental. Fueron autodidactas. Compartían una gran afición a la literatura, el arte y el dibujo desde pequeños. Eran unos bichos raros que nada tenían que ver con los demás chicos. Crumb, nacido en Philadelphia en 1943, confiesa que hasta los veintitantos se sentía anonadado, reprimido y asqueado. Hasta que se mudó a Cleveland en 1962. Allí se casó con la primera que encontró, como le predijo su padre, pero lo más importante, empezó a consumir LSD. Le salieron una serie de cómics totalmente fuera de madre que ni él mismo reconocía, de pesadilla y comenzó a tener éxito en las profundidades del mercado a través de revistas contraculturales como ZAP COMIX, HELP y MAD. También influyó en su popularidad la portada que realizó para la Big Brother and the holding Co. de la Joplin. Resultado: fama en el mundo underground, sexo, dinero. Pero una fama que él no fomentó, ganada con talento y que siempre despreció. No se sentía a gusto con el falso interés, las modas pasajeras, con resultar agradable a todos y en todo momento. No quiso realizar propuestas como una portada para los Rolling Stones ni salir en el excelente programa humorístico calcado hasta la saciedad Saturday Night Live, no tiene ese punto de vista comercial de la vida que todo el mundo reclama a la otra parte del planeta continuamente, está en esto porque le gustó siempre. Robert encontró una manera de canalizar su enorme talento artístico que no encontraron sus hermanos. El documental refleja el desastre vital de Charles y Maxon, el menor. Ambos no abandonaron ese estado de aislamiento y sentimiento extra terrestre ante el resto de la sociedad. Charles era un lector compulsivo y un erudito en literatura, historia y filosofía, encerrado totalmente en si mismo, resignado, traumatizado. Tenía problemas mentales y estaba altamente medicado, aun así decía cosas interesantes aunque aterradoras. Sus dibujos se llenaban cada vez más de curvas, alejando los personajes lo más posible de la realidad de manera monstruosa. Cercano a la esquizofrenia escribió varios libros ininteligibles a base de garabatos y vivía con su madre en la desidia más absoluta, sin asearse, sin ningún aliciente. Se suicidó poco tiempo después de finalizar el documental, sin haber hecho el amor en la vida (ni encontrarlo claro está) pasados ya los 50, como él mismo decía “qué perfecto y asquerosamente encantador es todo”. Maxon, el otro hermano vive solo en un piso, tiene una cama de pinchos, pinta cuadros extrañísimos que explica en el documental, vive también en el descuido, pide limosna en la calle y de vez en cuando es internado en el psiquiátrico. Reconoce que siente impulsos de violar a las mujeres, de hecho viviendo con Robert un tiempo vio a Mary, una de sus novias, desnuda y enloqueció hasta casi violarla. Realiza prácticas escatológicas para limpiar su organismo con una cinta y ha tenido problemas con la policía. El padre está muerto pero su figura revive en las conversaciones con de los hermanos Crumb como alguien terrorífico y dictatorial. Era un marine a la vieja usanza que solucionaba llantos y peticiones con golpes y sinrazón. La madre es una adicta a las drogas legales, la recetada por los médicos que amenazaba a sus hijos con hacerles enemas si se portaban mal (¿?) y destila mala leche y odio cada vez que aparece ante la cámara. Es la parte más dramática y aterradora del documental. La visita a sus hermanos demuestra que Robert es el más cuerdo de todos porque consiguió una cierta estabilidad vital al salir de ese manicomio que era el hogar familiar. Lo cual no quiere decir una tranquila, acomodada y sencilla vida de matrimonio. Dana, Aline y el propio Robert lo corroboran con sus comentarios. Aportan el punto de vista femenino, junto a la editora de la revista Legs, alguna novia y alguna psicoanalista y feminista de pacotilla. Resultan interesante porque Robert fue acusado muchas veces de misógino por el contenido de alguna historia, pero es difícil hablar claro y sincero sobre las relaciones, la sexualidad más extrema y toda la patraña de las parejas, al menos él lo hizo... Ellas no lo condenan al vulgar calificativo de machista (que debería ser igual de peyorativo que feminista) sino que analizan el origen de esos brotes de ira y buscan las razones, los motivos de su aparición. Su cómic es muy autobiográfico nos cuenta su vida con honestidad: sus pensamientos, sus fantasías, sus perversiones y frustraciones, gran parte de ellas sexuales. Pero es capaz de contarnos la historia más surrealista, fantástica, grotesca y enfermiza si se lo propone. Le resulta fácil analizar las patologías metales y sexuales más extremas de los humanoides y hacernos reír sin parar con un sentido del humor cruel y despiadado. También puede ponerse tierno recordando como jugaba a piececitos con las niñas del cole o como conoció a sus esposas, que por cierto son como las que salen en sus cómics, como se puede comprobar en el documental. A través de una calle puede repasar la historia de América o con uno de sus discos de pizarra evocar una historia diabólica de algún blues o jazzmen a orillas del Mississipi como Charley Patton o Jelly Roll Morton. De hecho dibujó una colección de cartas de bluesmen y jazzmen anteriores a los años 40 impresionante, que es toda una reliquia.
Su relación con la música es muy intensa. En su adolescencia se dedicaba a visitar casas de abuelitas negras sureñas en busca de grabaciones en discos de pizarra, cera, 78 r.p.m´s y vinilo de sus antepasados . Esto lo hacía el solo a los 15 años, sus hermanos no estaban interesados en ello. Lo continúa haciendo y con música europea también. Y si no preguntadle a Gilbert Shelton, honorable creador de los Freak Brtohers, que cuenta orgulloso como Crumb le dejó pelado, pidiéndole un enorme préstamo porque en un mercadillo, mientras paseaban encontró dos o tres cajones de lo que él llama buena música. Afirma que la creatividad en la música existió hasta 1940. Los músico tenían que tirar de ingenio hasta entonces, con todo los aspectos de su trabajo, registro del sonido, instrumentos... para paliar la escasez de recursos. Instrumentos desaparecidos, sonidos arcaicos pero llenos de encanto y los embriones de casi todos los estilos musicales que ahora conocemos. La música que ambienta el film es selección de Crumb y Zwiggoff, entre otros Lionel Belasco, Vincent Giordano, Joe Calicott... suena a gloria. ¿Y cómo accede Zwiggoff a una persona tan compleja y apartada de convenciones para hacer un documental íntimo sobre su vida? Tocando el cello en su banda, los Cheap Suit Serenaders, una delicia de swing años 20 y 30 con múltiples influencias, concretando, un sonido entre campestre, raíces sureñas y Django Reinhardt con letras cachondísimas. Entre los variados instrumentos que utilizan, destaca un serrucho. Robert toca el banjo y canta con un peculiar chorro de voz. Hay canciones tan maravillosas como My girl´s pussy, Chasin´ Rainbows, Get a load of this y Shopping mall.
Los demás componentes son Bob Amstrong, Allan Dodge, Tom Marion y Bob Brozman. Haciendo la comparación con el cine, Crumb viene a ser, con todos sus matices y diferencias abismales, el Woody Allen del cómic. Con sus brillantes reflexiones sobre la inadaptación social, las modas absurdas que todo el mundo sigue sin hacer trabajar una neurona, su desacuerdo con la gente de su tiempo, en fin, sus pesares existenciales, resulta un cronista corrosivo y certero de la sociedad. Pone a parir a todo el mundo pero no duda en hundir su propia persona en el fango si es necesario. Solo riéndose de uno mismo, uno puede también hacerlo de toda la mierda que nos rodea. Solo es intentarlo.
Robert no para de dibujar ni en el mantel del restaurante mientras come y la variedad de temas tratados es enorme. Las imágenes de Robert dibujando en su estudio o en cualquier parte, corrigiendo a un hijo de otro matrimonio que anda en la veintena tratando de dedicarse al cómic, de sus charlas en universidades demuestran su amor y pasión por el dibujo, en realidad la mujer a la que da su amor, ya sabemos lo que da al resto... y eso que tiene su corazoncito también. Conserva un montón de cuadernos con todo tipo de dibujos, desde la colegiala que está tomando café enfrente de él a una mujer sin cabeza sodomizada. Dibuja lo que hay alrededor, su mundo cotidiano pero también sus ensoñaciones, fetiches y sugestiones más salvajes. Sus personajes más famosos, aparte de él mismo en las distintas etapas de su vida y sus mujeres Crumbianas, son el Gato Fritz, un gato salidorro aunque avispado, Mr. Natural un viejo verde muy sabio y Mr. Snoid & Angelfood Macspade. Las mujeres Crumbianas obedecen a su gusto personal, lógicamente. Son hembras con caderas y piernas anchas –las piernas son la debilidad de Robert, pero ¡jamonas eh!- con bonitos pies normalmente y rostros hermosos y jugosos. Suelen ser bastante excéntricas también en su comportamiento, pero es normal compartiendo cama con Crumb. Si Rubbens o Piccasso entre otros, crearon cánones estéticos femeninos, nuestro amigo se une a la lista. Muerte al 90-60-90, ¿quién inventó eso?. Aunque la edad le ha calmado, pues no pone cuernos a sus mujeres (casi), se ocupa de su hija y no toma drogas desde hace ya tiempo, Robert continua teniendo una imaginación que a veces asusta. Bien que se agradece con tanta uniformidad de pensamiento y comportamiento. Un coleccionista le cambió una casa de campo en el sur de Francia por uno de tantos diarios dibujados que conserva. Así que la familia Crumb se marchó de los states, en busca de tranquilidad, poco después de rodarse el documental. Los diarios dibujados se pueden conseguir de importación, editados bajo el nombre Crumb´s Sketchbook, existen muchos volúmenes. Pero mejor será centrarse en el material editado aquí por La cúpula en su colección Vibora Cómix, porque sino, nunca acabaríamos. Se pueden comprar en cualquiera de esas catacumbas del siglo XXI llamadas tiendas de cómics. La santa editorial continua la edición en cómic book de sus obras completas, ya hay diez suculentos tomos. Del volumen I, Mis problemas con las mujeres al X, Conoce a tu enemigo, incluido tambien un Brut Comic muy curioso titulado Art and Beauty y Odds and ends, libro con muchas curiosidades e ilustraciones, son todos altamente recomendables, desternillantes y alucinantes. Recopilan historias de los 60 y 70 e incluso de más adelante, pero poco a poco vamos teniendo a nuestra disposición parte del mejor legado de Robert y de historietas que ya tienen un lugar privilegiado en el pensamiento reducido de unos cuantos y en las historia del cómic por supuesto. Aquí siempre todo con retraso, no como el irredento, repugnado y asqueado amigo Robert Crumb que “tira pa’lante” y muy por delante de todos nosotros.

Para ver la colección editada en La Cúpula, id a la siguiente subdirección de la web de la editorial y allí encontraréis la información. http://www.lacupula.com/albums/crumb/crumb.htm

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