SLUMBERLAND
 

La sección de cómic, tebeos o como quiera usted llamarlos comienza a descargar su batería. Bienvenidos en este caso a Slumberland, donde se comentarán periódica e intermitentemente 3 clásicos del cómic de todos los tiempos, siguiendo el único criterio de la calidad y el entretenimiento que han ofrecido durante su existencia en mi casa y por supuesto en muchas más. Con esto quiero decir que esto no va siguiendo ningún eje cronológico o épocas de la historia del cómic o grupos de estilo, más bien depende de mi bolsillo y de la disponibilidad de las obras maestras en un unos kilómetros a la redonda de mi hogar. Puede caer una obra de 1900, como del 2003, porque los clásicos siguen pariéndose en algunos estudios de dibujante, aunque algún pesimista piense lo contrario. Aunque el material más reciente, está en manos de Orgonbox y sus 13 cómics sin piedad. Basta de palabrería, pasemos a disfrutar del cómic que da nombre a este territorio de Spacerockheaters y otras dos perlas más. Disfrutad también de la galería, que he jodido algún cómic para escanear imágenes curiosas para vosotros mis amores.

LITTLE NEMO IN SLUMBERLAND , Winsor Mccay
El pequeño Nemo comenzó su andadura en el “New York Herald”, de 1905 hasta 1914, en el suplemento dominical de prensa a color. Winsor Maccay, el genial padre de la criatura, se dedicó después durante varios años al cine de animación y los cartoons, donde también dejó huella. La primera película de con animación de la historia es suya: Gertie el dinosaurio. Pero Nemo le devolvió a la prensa, esta vez en el “Herald Tribune” de Citizne Kane-Hearst, de 1924-1927. Una vez muerto (1934) su vástago trató de continuar la serie, pero la faltaba la magia art decó y surrealista de papá.
Se trata de un cómic visualmente genial, que a día de hoy todavía parece inigualable. Little Nemo acude en sus sueños a Slumberland, territorio en el que la imaginación puede ofrecer cualquier cosa. El origen de los viajes de Nemo a Slumberland es, aparte de la fantasía que allí vive, la hija del rey Morpheus, una bella morena de la cual no sabemos su nombre, que le pide auxilio. Ambos son sus compañeros y guías. Pero también le acompañan en sus aventuras: el maligno geniecillo enano Flip, el caníbal arrepentido Impy o el inútil Pill, que no por ser doctor va a ninguna parte. Unos sueños que ya querría tener cualquiera de nosotros, y si no comprobad la galería. El brusco final de cada historia, nos devuelve a Nemo a su cubículo hogareño, debido al formato de tiras de prensa. Sin embargo la trama se mantiene. Mucho slapstick, situaciones irreales y acción trepidante en un mundo de Alicia en el país de las maravillas. Supone además el viaje iniciático de Nemo, desde su infancia a la adolescencia, con todos sus descubrimientos, a lo largo de las tiras. Slumberland es una delicia para la vista, con un mundo onírico que sigue resultando impresionante.que incluso al despertar al mundo real nos mantiene en el limbo. Maccay juega con los colores, el montaje de páginas, el ritmo y la sensación de movimiento como nadie lo había hecho hasta entonces en un medio en proceso de gestación. En algunas páginas, el autor incluye numeración, quizá ante el temor de que los lectores no pudieran seguir las innovaciones narrativas que introducía. Los impecables escenarios donde se desarrollan las aventuras de Nemo son tomados de la realidad (ciudades maravillosas, por eso de vivir en New York quizá) o quizá de la dimensión Maccay ... ¿ya circulaba LSD en 1905?, vaya se me escapó. Más bien, regresión a los primeros temores y ensoñaciones nocturnas de cualquier niño, plasmado en papel, no es poca cosa, ponte si quieres. Un clásico necesario que nos remite a nuestros sueños infantiles, que los adultos son muy sucios y turbios. Lástima que lo editasen Burulan y Norma hace años y ahora sea difícil encontrarlo, porque no se ha reeditado.Y eso que quizá sea el clásico más moderno de todos. Lo que sí se puede localizar es una versión en anime, con la participación de Moebius y el guionista Chris Columbus con japos, estrenada en 1992, que dista mucho del poderoso original. Para acabar, unas palabritas de Mr. Winsor Maccay: “nunca me ha preocupado el dinero que iba a recibir por mis dibujos. Simplemente, dibujaba y dibujaba. Siempre he disfrutado con mi trabajo, y nunca he sido más feliz que cuando dibujaba Little Nemo”. Pues querido Winsor, Slumberland se ganó el nombre de la sección, en tu honor.


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RIP KIRBY, Alex Raymond

Raymond es otro de los personajes clave del cómic. Antes de la segunda guerra mundial creó personajes tan imprescindibles como Flash Gordon, Jungle Jim y el Agente Secreto X-9 con guiones del no menos genial Dashiell Hammet, uno de los padres del género negro. Pero Raymond era oficial de los marines y tuvo que ir a defender la patria. Al regresar, todas sus creaciones estaban en manos de otros dibujantes. Esto no sería obstáculo para Raymond, que en pocos meses ya tenía su nuevo personaje creado, más acorde con los tiempos que corrían: un detective aficionado, héroe de guerra que se reincorporaba a la vida civil, científico, escritor, licenciado en química, aficiones extrañas como jugar al golf en su apartamento, una atractiva madurez de cara a las féminas y con gafas, el primer héroe con miopía. Su nombre Remington “Rip” Kirby”. Apareció en prensa por primera vez en las páginas del “New york american journal” en 1946. En principio el propio Raymond se encargó de los guiones, pero pronto se encargaron de ayudarle Ward Green y posteriormente Fred Dickerson, que elevó bastante el nivel de la serie, con guiones acordes a la bestia de dibujante. Rip Kirby tiene sus acompañantes habituales, personajes también entrañables. No puede faltarle a un jóven americano apuesto que ha defendido su bandera con honor, una fiel y servil novia. Una modelo llamada Honey Dorian, que a veces incluso participa en las peripecias de Rip. En las que ella no está, suele aparecer otro bombón que cómo no, tontea con él, pero finalmente es fiel. Cecil Desmond es su mayordomo, un viejo delincuente rehabilitado que conoce los bajos fondos y las malas gentes. Más de una vez debe echar un cable a Kirby con el hampa, pero lo más importante es cuidar de su perrito Coronel. Suena como la vida de Cary Grant, su amante y su perrito, pero no es así. Esto tiene más que ver con el cine negro que se estaba haciendo en esa época: Forajidos, El sueño eterno, El halcón maltés... aunque haya cierto maniqueísmo en los argumentos, tiene momentos originales, de puro noir. El dibujo realista en blanco y negro de Raymond beneficia el resultado, de trazo fino, detallado, con sus ya famosos (y ampliamente copiados) rayados manuales combinados con la trama mecánica, la narración intensa, la planificación de las viñetas, todo un maestro. Raymond dibujó durante 10 años la serie, hasta el año de su muerte 1956. Otro clásico que difícilmente podemos encontrar si no ponemos empeño, porque no está reeditado y es demasiado material para que una editorial se arriesgue a sacarlo hasta que no hagan una peli o alguna mierda de esas que lo ponga al día. Spacerockheaters no da para tanto. En 1981, Ediciones B.O., publicó varios tomos recopilatorios de tiras de Rip Kirby, así como el Agente Secreto X-9 completo. Una fantástica edición, por cierto.


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BRINGING UP THE FATHER, George McManus

George Macmanus era hijo del Director del Teatro de Saint Louis, desde pequeño mamó el espectáculo. Pero dibujó tantos garabatos que viajó a New York dejando atrás sus tierras sureñas para pasar horas y horas haciendo cómics allá donde fueran observando el talento que poseía. Resultado: obras maestras del tebeo, animación, cortos reales y una vida intensa. Su legado es gigantesco: Rosie´s beau, Lady Beautiful, The Bad dream... muchas viñetas a sus espaldas. Nos ocupa su emblemática Bringing Up the father, una entrañable y desternillante comedia de situación que empezó a publicarse en el “New york american” posesión de Kane-Hearst, una vez más, en 1913. Este tipo lo tenía todo y MacManus también, pero para mundos distintos. Bringing up the father ha sido adaptada al cine, televisión, teatro... Estamos hablando de un clásico en toda regla. A George le vino la idea para su historia de un vodevil llamado “La generación que viene”, ya se sabe que nacer entre bastidores da su culturilla. Jiggs y Maggie, un matrimonio irlandés, compuesto por un obrero y una lavandera gana una enorme cantidad de dinero, se convierten en nuevos ricos de la noche a la mañana y se produce una confrontación entre el ridículo deseo de la mujer por entrar en el circulo aristocrático y del hombre por mantenerse fiel a sus raíces irlandesas. A esto se une Nora (Katy y Mamie en las primeras viñetas) la hijita que también trata de elevar a su padre en sus costumbres sociales. Todo un pulso, el hombre amante del alcohol y las cabareteras contra las dos pizpiretas deseosas de codearse con la beautiful. Conservó sus virtudes y características esenciales en manos de McManus, mejorando con el paso de los años. En el aspecto visual, experimentó una evolución estilítica notable. Comenzó en blanco y negro, cinco años después pasó al color, y una vez en este terreno continuó la mejora. Es posible apreciar distintos estilos en viñetas de Bringing up the father con el paso de los años, lo cual demuestra aquello de la evolución. Un ejemplo claro son las dos viñetas de la galería, una de 1918, otra de 1940. Pero sería un error olvidar la colaboración de Zeke Zekley desde 1935. Comenzó tímidamente, ayudando a rotular, poniendo los negros... pero se fue soltando y comenzó a colaborar de manera más intensa con MacMannus hasta la muerte de este en 1954. Fruto de esta colaboración, surgían discusiones cómicas sobre quien había dibujado unas polainas a un personaje o puesto una lámpara en una mesilla de las viñetas. El volumen de trabajo era brutal y las neuronas patinaban de vez en cuando. Zeke también se veía sorprendido mientras trabajaban a altas horas, por vodeviles que Macmanus había memorizado de pequeño en el teatro de su padre. Todo un encanto este hombre. Y ahora lo de siempre, a rebuscar, porque este sí que es difícil de localizar en las tiendas. O a pedir por correo o a viajar al país de las oportunidades.
Hasta otra...



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Aleister