| El
pasado domingo fue un día muy agitado, en cuanto a
conciertos se refiere, en la capital irlandesa. La dama de
Alabama Emmylou Harris, actuaba en el Gaiety Theatre, la voz
de nuestros días, Mark Lanegan, en el Village y el
Duque Blanco, Mr. Bowie, en The Point, por segunda noche consecutiva.
La aburrida tarde dominical tenía interesantes citas
para matar el tedio y la resaca de Sábado noche. Sin
embargo los agentes espaciales, estaban en una crítica
situación el viernes. Los tickets para el camaleónico
Bowie, estaban agotados desde hacía mes y medio para
los dos días. Las oficinas de ticketmaster nos espetaron
un frío “no hay tickets” para la Harris,
los nervios se colapsaron y la mente se ofuscó. A Lanegan
ya lo habíamos presenciado un par de veces –no
nos importaría verlo otra vez- pero Ms. Harris y Mr.
Bowie, son de esas cosas que se presentan una vez en la vida.
Lo único que alegraba nuestro rostro era un viaje a
la tierra de Rory Gallagher, Cork. Pero creo que Rory debió
interceder en nuestro destino. Caminando hacia la estación
de autobuses, un milagroso cartel salvó el domingo:
¡Bowie tickets! Pagué con un ojo de mi cara las
entradas, pero con lo feo y asqueroso que soy, no importaba
perderlo, mi fealdad y mi economía pertenecen a las
meretrices, el rock, las drogas y a Tommy nKonno. El caso
es que podríamos ver a David Bowie y eso es como un
chute para un yonki en estado crítico de síndrome
de abstinencia. Subimos de la sureña y rockera Cork
“como vuela el cuervo” (“As the crow flies”
cantaba Rory) tras dejar miles de neuronas desparramadas por
allí, pasear por la Plaza Rory Gallagher, dormir en
la misma calle donde él vivio, ser besados con babas
por Corkianos amantes de Rory y beber enfrente del santuario
Lynott (una esquina de un pub con unas cien fotos de Phil
y una enorme foto recordatorio) y David Bowie era la referencia.
El Point Theatre es una enorme nave portuaria reconvertida
en gigantesco y espléndido lugar para celebrar conciertos,
con unas 15.000 localidades. Las hordas dublinesas llegaban
en oleadas para acceder a sus localidades reposadamente y
el ansia era una palabra que se quedaba corta para nuestra
excitación. Bien, sí, no estamos en los 70,
los últimos discos de Bowie son buenos, pero tampoco
los tenemos muy escuchados, David tiene 56 años...
Pero esto es cuestión de fe rockera. Es como ver a
los Stones. Para algunos aficionados al rock es una especie
de tributo necesario a toda una impresionante carrera. Muchos
de nosotros fuimos paridos
bien entrados los 70 o después. Ojalá hubiera
sido parido en los 50 o 60, aunque por supuesto, fuera de
España y lejos de las garras de Paquito Franco. En
resumen, para un gran número de personas, el momento
para ver a Bowie o los Stones o los Stooges es ¡ahora!
¡Quien hubiera podido ver la gira del Ziggy Stardust
y a Bowie junto a Mick Ronson, nos ha jodido! Aunque quizá
los concierto de Bowie en el presente, sí que superen
en calidad a los que daba en los creepy 80´s pero esto
ya es patética percepción personal. Para abrir
la noche, los guapetes, sensibles y muy bien vestidos Dandy
Warhols. Estoy harto de la canción esa que tienen del
anuncio, la guinnes y la sidra están muy bien y con
un par de canciones me bastó. No hay cosa que más
nos revuelva a los agentes espaciales que el baile indie intimista
y algún miembro de los Warhols lo ejecutaba. La noche
tenía un nombre y ese era David Bowie. Hacia las 20:45,
con un llenazo total, las luces se apagaron, unas caricaturas
de los músicos aparecían en pantalla, una tenue
luz azul dejaba el escenario en penumbra y unas sombras caminaban
lentamente por una pasarela cual ánimas. Histeria colectiva.
Los primeros acordes de Rebel Rebel, acertada elección
para dar comienzo a la ceremonia, provocaron la primera explosión
de júbilo masivo. Ya con las luces encendidas Mr. Bowie
apareció en escena. Mmm la verdad, Bowie está
tremendo. Algunos miembros de space parecen más viejos
que él con la mitad de años, yo parezco su abuelo,
por ejemplo. Lucía un aspecto muy juvenil: con unos
pantalones negros ajustados, unas zapatillas allstar ramonianas
pero recién compradas, un tres cuartos maravilloso
con un extraño corte, camiseta negra y pañuelo.
Su corte de pelo más característico que le sienta
tan bien, su cínica aunque no por ello menos agradable
sonrisa, su enigmática mirada y su innegable carisma.
El escenario estaba compuesto de una pantalla gigante, tres
pasarelas a la altura de la pantalla, unas ramas de árbol
pintadas de blanco, unas pantallas pintadas con camuflaje
bélico que tapaban los equipos de sonido y una especie
de alfombrado negro, sobrio y elegante, que se dice. Tras
el gran comienzo, saludó al entregado público
en gaélico, avisó que íbamos a tener
un largo show para esa noche y pidió ayuda porque,
según él su voz estaba afectada tras la actuación
del primer día. En
nuestra opinión, en absoluto. Bowie estaba perfectamente
respaldado por los guitarristas Earl Slick y Gerry Leonard,
el batería Sterling Campbell, la bajista Gail Ann Dorsey,
el teclista Mike Garson y Catherine Russel con otro set de
percusion y teclados. El sonido, y ésta vez no estábamos
muy borrachos, fue impecable. El show se centró en
el material más reciente, Earthling, Hours..., Heathen
y sobre todo el último álbum que daba nombre
a la gira, Reality. La táctica era intercalar cada
3 o cuatro canciones algún clásico de los 80,
sobre todo, o de los 70. Tuvimos bastante ración ochentera
“China girl”, “Fame”, “Ashes
to ashes” o “Loving the alien”. Bowie maneja
a la audiencia perfectamente y hace el repertorio que desea.
Basta que levante una mano, para que se levanten 1.000 personas
de sus asientos. Se movía con su elegante y felino
estilo habitual; su voz está en muy buen estado, conservando
todos los registros que podemos escuchar en sus discos y cuando
se quitó el tres cuartos para quedarse en camiseta
sin mangas con el pañuelo, le amamos con envidia una
vez más: está cachas y tiene el cuerpo bien
trabajado en gimnasio. Dijo a la hora de concierto “algunos
conoceréis algunas de las nuevas canciones, otros no,
pero no importa”. El sarcasmo de Bowie, todo lo que
dice parece implicar un doble sentido, su famosa ambigüedad,
que adoramos. Si dice “buenas noches espero que tengáis
un buen show”, parece estar diciendo también,
me importáis un carajo yo voy a hacer mi concierto.
No se deja llevar por las rentas del pasado o la demanda popular.
Desde luego que a muchos (y a
nosotros) nos hacían chiviritas los ojos cuando escuchábamos
“Life on Mars?”, “All the young dudes”,“Changes”
o “The man who sold the world”, y desearíamos
más y más clásicos uno tras otro, no
estaría mal haber escuchado “Queen bitch”,
“Moonage daydream”, “Starman”, “Jean
Genie” y una buena cantidad de su talentoso y extenso
repertorio antiguo sin pausa. Todas las canciones conocidas
eran himnos coreados por todas las gargantas, el artista tuvo
la ayuda que demandó en los comienzos. Sin embargo
hay que tener en cuenta que David Bowie forma parte de la
actualidad musical: sigue sacando discos de gran calidad con
regularidad, viviendo el presente, adaptando su música
a los tiempos que corren y reinventando su personaje como
en el disco “Earthling”. No vamos a ser nosotros,
gentuza indigna, los que cuestionen las elecciones de éste
pedazo de señor e inigualable músico. Si algo
le obsesiona es no envejecer, no formar parte del pasado;
lo hizo patente con sus comentarios al respetable y en las
letras de muchas de sus nuevas canciones. Hubo momentos muy
íntimos con “Days”, “Loneliest guy”,
“Be my wife”, “Never get old” en los
que Bowie se quedaba a solas con un guitarra o con el teclista,
para cantar desde el frente del escenario más cercano
al público, o desde las pasarelas. Tambien arrebatos
de furia poderosa con “I´m afraid of americans”,“Halo
spaceboy”, interpretada de manera muy diferente a la
conocidad por todos, o “Breaking glass”. Destacable
fue también “Under pressure” donde la bajista
calva, Gail Ann Dorsey demostró su virtuosismo vocal.
Bowie lo estuvo demostrando en todo momento. Momentos llamativos
fueron “Slip away” introducida con unas imágenes
previas de Uncle Floyd y sus muñecos, ventrílocuo
al que está dedicada la canción, “Motel”
con imágenes de ciudades y movimiento en pantalla o
la versión de “Cactus” de los Pixies, en
la que intercaló fragmentos de “Get it on”
de ese otro impresionante y venerable dios del glam llamado
Marc Bolan y sus T-Rex. También la salida de Bowie
del escenario tras “Heathen (The rays)” agarrado
a su bajista que tocaba una pandereta, cual difunto siguiendo
a la muerte. Fueron muchos los clímax pero nosotros
nos quedamos con “Heroes” previo al descanso,
así como el lujoso y privilegiado final con tres canciones
del orgásmico e inalcanzable “The rise and fall
of Ziggy Stardust and the Spiders from Mars” con “Five
years”, “Hang onto yourself”y como despedida
ese maravilloso hit llamado “Ziggy Stardust”.
Antes de interpretar Ziggy, Bowie dio las gracias varias veces,
prometió volver el año que viene a Dublin, lo
que significa una nueva gira, que espero, pase también
por España para que todos podáis ver al Duque
Blanco. Con todo el mundo coreando “Ooohhh
yeaaahhh Oooooo Ziggy playedddddd guitaarrrrr!!!!!!”
y un ave fénix en pantalla, el concierto finalizaba,
tras 35 canciones, tres horas con David en el país
de las maravillas. Él y su banda se despidieron cual
compañía de teatro, haciendo varias reverencias
al público. El agente espacial nKonno, estaba sin habla,
Bowie le señaló mientras cantaba eso de “we
can be heroes just for one day”, le sonrió en
muchas canciones, le saludó con su mano, le volvió
a señalar, y le cantó fragmentos mirándole
directamente con esos ojos eléctricos de diferente
color. Tommy nKonno, estaba emocionado, en estado de shock,
lloró como una magdalena en varias canciones, en el
fondo es una de la mayores nenazas del reino. Nos acordamos
mucho de nuestro padre espiritual, Damián de Santos,
que lleva amantes a escondidas a su monasterio y los embauca
con su manera de interpretar canciones de Bowie. Fue otro
concierto que llevaremos con orgullo en nuestros corazones
obstruidos de grasa insaturada, o como se llame, y que impregnara
para siempre nuestra escasísima materia gris. Y como
dice Bowie en “Never get old”: “Nunca habrá
suficiente sexo, nunca habrá suficiente droga”.
SET LIST:
Rebel Rebel
New Killer Star
Reality
Fame
Cactus (Pixies)
Sister midnight
Afraid
All the young dudes
Days
Be my wife
China Girl
The loniest guy
The man who sold the world
Fantastic Voyage
Halo Spaceboy
Sunday
Under Pressure
Life on Mars?
Battle for Britain (The letter)
Fall Dog bombs the moon
Ashes to Ashes
The motel
Loving the alien
Breaking glass
5:15 The angel have gone
Never get old
Changes
I´m afraid of americans
Heroes
Bring me the disco king
Slip away
Heathen (The rays)
Five Years
Hang onto yourself
Ziggy Stardust
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