DAVID BOWIE: A REALITY TOUR
23-11-03 THE POINT THEATRE, DUBLIN
 

El pasado domingo fue un día muy agitado, en cuanto a conciertos se refiere, en la capital irlandesa. La dama de Alabama Emmylou Harris, actuaba en el Gaiety Theatre, la voz de nuestros días, Mark Lanegan, en el Village y el Duque Blanco, Mr. Bowie, en The Point, por segunda noche consecutiva. La aburrida tarde dominical tenía interesantes citas para matar el tedio y la resaca de Sábado noche. Sin embargo los agentes espaciales, estaban en una crítica situación el viernes. Los tickets para el camaleónico Bowie, estaban agotados desde hacía mes y medio para los dos días. Las oficinas de ticketmaster nos espetaron un frío “no hay tickets” para la Harris, los nervios se colapsaron y la mente se ofuscó. A Lanegan ya lo habíamos presenciado un par de veces –no nos importaría verlo otra vez- pero Ms. Harris y Mr. Bowie, son de esas cosas que se presentan una vez en la vida. Lo único que alegraba nuestro rostro era un viaje a la tierra de Rory Gallagher, Cork. Pero creo que Rory debió interceder en nuestro destino. Caminando hacia la estación de autobuses, un milagroso cartel salvó el domingo: ¡Bowie tickets! Pagué con un ojo de mi cara las entradas, pero con lo feo y asqueroso que soy, no importaba perderlo, mi fealdad y mi economía pertenecen a las meretrices, el rock, las drogas y a Tommy nKonno. El caso es que podríamos ver a David Bowie y eso es como un chute para un yonki en estado crítico de síndrome de abstinencia. Subimos de la sureña y rockera Cork “como vuela el cuervo” (“As the crow flies” cantaba Rory) tras dejar miles de neuronas desparramadas por allí, pasear por la Plaza Rory Gallagher, dormir en la misma calle donde él vivio, ser besados con babas por Corkianos amantes de Rory y beber enfrente del santuario Lynott (una esquina de un pub con unas cien fotos de Phil y una enorme foto recordatorio) y David Bowie era la referencia. El Point Theatre es una enorme nave portuaria reconvertida en gigantesco y espléndido lugar para celebrar conciertos, con unas 15.000 localidades. Las hordas dublinesas llegaban en oleadas para acceder a sus localidades reposadamente y el ansia era una palabra que se quedaba corta para nuestra excitación. Bien, sí, no estamos en los 70, los últimos discos de Bowie son buenos, pero tampoco los tenemos muy escuchados, David tiene 56 años... Pero esto es cuestión de fe rockera. Es como ver a los Stones. Para algunos aficionados al rock es una especie de tributo necesario a toda una impresionante carrera. Muchos de nosotros fuimos paridos bien entrados los 70 o después. Ojalá hubiera sido parido en los 50 o 60, aunque por supuesto, fuera de España y lejos de las garras de Paquito Franco. En resumen, para un gran número de personas, el momento para ver a Bowie o los Stones o los Stooges es ¡ahora! ¡Quien hubiera podido ver la gira del Ziggy Stardust y a Bowie junto a Mick Ronson, nos ha jodido! Aunque quizá los concierto de Bowie en el presente, sí que superen en calidad a los que daba en los creepy 80´s pero esto ya es patética percepción personal. Para abrir la noche, los guapetes, sensibles y muy bien vestidos Dandy Warhols. Estoy harto de la canción esa que tienen del anuncio, la guinnes y la sidra están muy bien y con un par de canciones me bastó. No hay cosa que más nos revuelva a los agentes espaciales que el baile indie intimista y algún miembro de los Warhols lo ejecutaba. La noche tenía un nombre y ese era David Bowie. Hacia las 20:45, con un llenazo total, las luces se apagaron, unas caricaturas de los músicos aparecían en pantalla, una tenue luz azul dejaba el escenario en penumbra y unas sombras caminaban lentamente por una pasarela cual ánimas. Histeria colectiva. Los primeros acordes de Rebel Rebel, acertada elección para dar comienzo a la ceremonia, provocaron la primera explosión de júbilo masivo. Ya con las luces encendidas Mr. Bowie apareció en escena. Mmm la verdad, Bowie está tremendo. Algunos miembros de space parecen más viejos que él con la mitad de años, yo parezco su abuelo, por ejemplo. Lucía un aspecto muy juvenil: con unos pantalones negros ajustados, unas zapatillas allstar ramonianas pero recién compradas, un tres cuartos maravilloso con un extraño corte, camiseta negra y pañuelo. Su corte de pelo más característico que le sienta tan bien, su cínica aunque no por ello menos agradable sonrisa, su enigmática mirada y su innegable carisma. El escenario estaba compuesto de una pantalla gigante, tres pasarelas a la altura de la pantalla, unas ramas de árbol pintadas de blanco, unas pantallas pintadas con camuflaje bélico que tapaban los equipos de sonido y una especie de alfombrado negro, sobrio y elegante, que se dice. Tras el gran comienzo, saludó al entregado público en gaélico, avisó que íbamos a tener un largo show para esa noche y pidió ayuda porque, según él su voz estaba afectada tras la actuación del primer día. En nuestra opinión, en absoluto. Bowie estaba perfectamente respaldado por los guitarristas Earl Slick y Gerry Leonard, el batería Sterling Campbell, la bajista Gail Ann Dorsey, el teclista Mike Garson y Catherine Russel con otro set de percusion y teclados. El sonido, y ésta vez no estábamos muy borrachos, fue impecable. El show se centró en el material más reciente, Earthling, Hours..., Heathen y sobre todo el último álbum que daba nombre a la gira, Reality. La táctica era intercalar cada 3 o cuatro canciones algún clásico de los 80, sobre todo, o de los 70. Tuvimos bastante ración ochentera “China girl”, “Fame”, “Ashes to ashes” o “Loving the alien”. Bowie maneja a la audiencia perfectamente y hace el repertorio que desea. Basta que levante una mano, para que se levanten 1.000 personas de sus asientos. Se movía con su elegante y felino estilo habitual; su voz está en muy buen estado, conservando todos los registros que podemos escuchar en sus discos y cuando se quitó el tres cuartos para quedarse en camiseta sin mangas con el pañuelo, le amamos con envidia una vez más: está cachas y tiene el cuerpo bien trabajado en gimnasio. Dijo a la hora de concierto “algunos conoceréis algunas de las nuevas canciones, otros no, pero no importa”. El sarcasmo de Bowie, todo lo que dice parece implicar un doble sentido, su famosa ambigüedad, que adoramos. Si dice “buenas noches espero que tengáis un buen show”, parece estar diciendo también, me importáis un carajo yo voy a hacer mi concierto. No se deja llevar por las rentas del pasado o la demanda popular. Desde luego que a muchos (y a nosotros) nos hacían chiviritas los ojos cuando escuchábamos “Life on Mars?”, “All the young dudes”,“Changes” o “The man who sold the world”, y desearíamos más y más clásicos uno tras otro, no estaría mal haber escuchado “Queen bitch”, “Moonage daydream”, “Starman”, “Jean Genie” y una buena cantidad de su talentoso y extenso repertorio antiguo sin pausa. Todas las canciones conocidas eran himnos coreados por todas las gargantas, el artista tuvo la ayuda que demandó en los comienzos. Sin embargo hay que tener en cuenta que David Bowie forma parte de la actualidad musical: sigue sacando discos de gran calidad con regularidad, viviendo el presente, adaptando su música a los tiempos que corren y reinventando su personaje como en el disco “Earthling”. No vamos a ser nosotros, gentuza indigna, los que cuestionen las elecciones de éste pedazo de señor e inigualable músico. Si algo le obsesiona es no envejecer, no formar parte del pasado; lo hizo patente con sus comentarios al respetable y en las letras de muchas de sus nuevas canciones. Hubo momentos muy íntimos con “Days”, “Loneliest guy”, “Be my wife”, “Never get old” en los que Bowie se quedaba a solas con un guitarra o con el teclista, para cantar desde el frente del escenario más cercano al público, o desde las pasarelas. Tambien arrebatos de furia poderosa con “I´m afraid of americans”,“Halo spaceboy”, interpretada de manera muy diferente a la conocidad por todos, o “Breaking glass”. Destacable fue también “Under pressure” donde la bajista calva, Gail Ann Dorsey demostró su virtuosismo vocal. Bowie lo estuvo demostrando en todo momento. Momentos llamativos fueron “Slip away” introducida con unas imágenes previas de Uncle Floyd y sus muñecos, ventrílocuo al que está dedicada la canción, “Motel” con imágenes de ciudades y movimiento en pantalla o la versión de “Cactus” de los Pixies, en la que intercaló fragmentos de “Get it on” de ese otro impresionante y venerable dios del glam llamado Marc Bolan y sus T-Rex. También la salida de Bowie del escenario tras “Heathen (The rays)” agarrado a su bajista que tocaba una pandereta, cual difunto siguiendo a la muerte. Fueron muchos los clímax pero nosotros nos quedamos con “Heroes” previo al descanso, así como el lujoso y privilegiado final con tres canciones del orgásmico e inalcanzable “The rise and fall of Ziggy Stardust and the Spiders from Mars” con “Five years”, “Hang onto yourself”y como despedida ese maravilloso hit llamado “Ziggy Stardust”. Antes de interpretar Ziggy, Bowie dio las gracias varias veces, prometió volver el año que viene a Dublin, lo que significa una nueva gira, que espero, pase también por España para que todos podáis ver al Duque Blanco. Con todo el mundo coreando “Ooohhh yeaaahhh Oooooo Ziggy playedddddd guitaarrrrr!!!!!!” y un ave fénix en pantalla, el concierto finalizaba, tras 35 canciones, tres horas con David en el país de las maravillas. Él y su banda se despidieron cual compañía de teatro, haciendo varias reverencias al público. El agente espacial nKonno, estaba sin habla, Bowie le señaló mientras cantaba eso de “we can be heroes just for one day”, le sonrió en muchas canciones, le saludó con su mano, le volvió a señalar, y le cantó fragmentos mirándole directamente con esos ojos eléctricos de diferente color. Tommy nKonno, estaba emocionado, en estado de shock, lloró como una magdalena en varias canciones, en el fondo es una de la mayores nenazas del reino. Nos acordamos mucho de nuestro padre espiritual, Damián de Santos, que lleva amantes a escondidas a su monasterio y los embauca con su manera de interpretar canciones de Bowie. Fue otro concierto que llevaremos con orgullo en nuestros corazones obstruidos de grasa insaturada, o como se llame, y que impregnara para siempre nuestra escasísima materia gris. Y como dice Bowie en “Never get old”: “Nunca habrá suficiente sexo, nunca habrá suficiente droga”.

SET LIST:

Rebel Rebel
New Killer Star
Reality
Fame
Cactus (Pixies)
Sister midnight
Afraid
All the young dudes
Days
Be my wife
China Girl
The loniest guy
The man who sold the world
Fantastic Voyage
Halo Spaceboy
Sunday
Under Pressure
Life on Mars?
Battle for Britain (The letter)
Fall Dog bombs the moon
Ashes to Ashes
The motel
Loving the alien
Breaking glass
5:15 The angel have gone
Never get old
Changes
I´m afraid of americans
Heroes

Bring me the disco king
Slip away
Heathen (The rays)

Five Years
Hang onto yourself
Ziggy Stardust

 
Demon Doran