DEMOLITION DOLL RODS
 

Que la gira española de DEMOLITION DOLL RODS pasara por Cáceres fue una azarosa conjunción de casualidades y una desconcertante odisea que sólo conoce el que firma esta crónica. Sea como fuere, el trío de DETROIT se auto sacó en procesión para regocijo de los que adoramos otro tipo de santos.

La noche contó con dos invitados especiales, Esther y Marc, vocalista de THE RIPPERS, que han finalizado de grabar lo que será la continuación de el nunca suficientemente valorado “INVERTEBRAT”, uno de los discos más potentes y únicos nunca grabados por estos lares. Tras una suculenta cena a base de productos de la tierra (y no me refiero ni ha raíces ni bayas), reptamos hacia la sala Berlín que se estrenaba mundialmente, a parte de conciertos de carácter local. Esperemos que este sea el camino y podamos disfrutar, ahora que ya no hay Belle Epoque, de una nueva sala con solera y no quede todo en agua de borrajas.

50 almas condenadas al infierno dieron la bienvenida en el lúgubre escenario al primitivo trío desvestidos con sus mejores galas: braguitas de leopardo y bikini emplumado para Margaret, tanga negro y su peculiar juego de plumas en el cuello para él y la nueva batería para esta gira, Baby T, con un sensual bikini negro.

La fiesta empezó falta de gas, notándose al grupo un tanto cansado y a la gente, aunque apelotonada en las primeras filas no parecía muy receptiva a los envites de blues rumiante y garaje troll, contenido y dos guitarras. La locomotora a tres parecía no arrancar del todo y el retablo pintaba a trámite, aunque poco a poco se fue formando una corriente de energía público-grupo que fue subiendo la temperatura hasta que los bailes frenéticos, los brazos en alto y los muelles del cuello hicieron acto de presencia.

Casi la totalidad del show cargaba a espaldas de Margaret, haciendo que la guitarra culebreara por todo su cuerpo, utilizando extraños elementos de percusión, como esa fusta golpeando una especie de raqueta de padel (¿??) y arengando al personal, ya fuera a viva voz o moviendo sugerentemente su cuerpo.

Baby T desangraba con sonidos de la tribu su escueta batería con un no menos escueto vestuario, afrodita de rítmicos sones con indudable parecido a los que en estas fechas tocan los que antaño escaparon de los leones, pero despojado de todo sentimiento de culpa y devoción, realizando una transfusión de energía libidinosa que invitaba al akelarre.

Para cuando llegaron los bises, el esqueleto del público se dislocaba por momentos y Danny nos sorprendió a todos con un rústico slide tocado sentado en el escenario, extrayendo extrañas punzadas de sonido para continuar todos unidos en un espiritual negro cantado a capella que sorprendió a propios y extraños y que acabamos voceando todos. Pero para sorpresa, la versión final: “Heroin” de la VELVET UNDERGROUND. El éxtasis drogadicto de los Newyorkinos por excelencia asesinado felizmente durante 7 minutos. Una vez terminado el show, la fiesta continuó a ritmo de Detroit Cobras, Gore Gore Girls, Dirtbombs, Solutions, Sirens…conviertiendo la zona Space Rock Heaters del bar Berlín en un pequeño Detroit.

 

 
Kanuto