VII KILKENNY RHYTHM & ROOTS FESTIVAL
 
30 Abril-3 Mayo 2004
TUPÉS MOJADOS EN GUINESS Y KILKENNY BEER
KILKENNY, IRLANDA


Durante el fin de semana del 30 de Abril al 3 de Mayo un pequeño festival de música cautivó nuestra atención, haciéndonos olvidar la bienvenida a los 10 nuevos países de la U.E. (¡Hola!) y el estado policial en que se convirtió Dublín ese fin de semana, debido a la amenaza de los flower punks anti-globalizadores (enorme y peligrosísima según el cuarto poder) que al parecer iban a sumir a la ciudad del Liffey en un mayhem total. Como nosotros vivimos para otras cosas, echamos unos calzones en la mochila y nos dirigimos a la bonita ciudad de Kilkenny, a dos horas de la capital. El séptimo Rythm & Roots traía a esta localidad a Dave Alvin and the guilty men, Big Sandy and his fly rite boys, Mark Olson and the Creekdippers con Victoria Williams, Terry Allen, Willard Grant Conspirancy, Caitlin Cary, Hot Club of Cowtown, Reverend Johnnie Thompson singers, The Blue Moon Boys o Rosie Thomas, por citar a unos cuantos para empezar. Todo ello al módico precio medio de 10 ecus por Kilkenny Welcomes Lithuaniaconcierto muy aceptable hallándonos en territorio del tigre celta. Cada recital en diferentes, pequeños y acogedores pubs para no más de 50 personas, nada de macroescenarios, escenarios, carpas o pantallas gigantes, los grupos tocaban a pie de público. Añadir que la mayoría de bandas tocaban dos veces. Alicientes sobrados para que spacerockheaters desplazase su culo. Si a esto unimos que esta encantadora localidad daba la bienvenida a Lituania, nación que en esta web todos amamos como si fuera nuestra, y que todas sus calles lucían la bandera tricolor de Lituania, ¡No podíamos perdernos el evento!. Tras ingerir stuffin con mucha gravy y por supuesto patatas que aquí no faltan nunca (por eso murió tanta peña cuando escaseó hace ya tantos años) con sus respectivas pintas, comenzó a eso de las 14:00 horas del Rosie ThomasSábado a correr la música por nuestras venas. En el pub The Widow, una jóven de dulcísima voz, en serio, de lo más dulce que escuché en mucho tiempo, llamada Rosie Thomas nos deleitó con sus canciones emotivas e intimistas, su sentido del humor, su sonrisa y su buen hacer al piano y a la acústica. No había demasiada gente, pero los que estábamos disfrutamos mucho, pudimos hablar con Rosie un poquito, que nos contó que también actúa como cómica con el pseudónimo de Sheila. Canción de autor intimista para empezar. Tras el show nos movimos como peces en el agua cargada de alcohol por distintos pubs, pub crawl que dicen por estos lares, en los que la organización tenía programados conciertos gratuitos, topándonos con “Ponchatrain” que hacían una música cajún deliciosa, después en otro local, “Two time polka”, una banda de Cork que suena a Kilkenny BeerLousiana, así que por momentos parecía como si hubiéramos tomado un zumo para viajar en el tiempo y hubiéramos aparecido en el bayou y estuviéramos viajando a Memphis para ver a los Blue Moon Boys de Nic Roulette, que son de Indiana, pero cuando uno se pone a imaginar, déjenle en paz por favor. El programa del festival decía “Si no experimentaste a Elvis en los 50, experimenta a Nic Roulette ahora”. Pensábamos que la organización se había pasado Mientras saboreábamos unas Kilkenny, deliciosa cerveza roja cremosa que aprovecho para promocionar sin ánimo de lucro, con la única intención de que la sociedad aumente Nic Roulettesu alcoholismo y descienda el número de mentes ambiciosas y vanidosas en el planeta. Y efectivamente, se pasaron, lo cual no quiere decir que Nic Roulette y sus blue moon boys fueran de lo mejor del festival y que te pongan pilas de uranio con su sonido. Es simple, coja un contrabajo, dos guitarras eléctricas, batería y un cantante chuleta rockabilly con mucha clase, todos jovenzuelos, póngalos a tocar rockabilly a toda hostia que por momentos parezca punk, y voilá: Conciertazo adrenalínico, divertido, fifties rocknroll cargado de galones de petróleo irakí. Hasta los viejos O´Gallagher, O´Gara y O´Sullivan Nic Roulette & The Blue Moon Boysque beben su frustración en todo pub irlandés, no iba ser menos el Rafter Dempseys, acudieron a observar curiosos qué se cocía en la esquina donde tocaban los chicos de la luna azul. Nosotros nos hallábamos en primera línea de fuego, recibiendo gotas de sudor de Roulette, junto a un pequeño sector yankee, con preciosos atuendos American Graffiti o Grease. Tony n´Kono siempre los mira preguntándose por qué él nunca podrá tener ese glamour, ni lucir con gracia esos ropajes, trasladando su pregunta a todos los que le acompañan. Aprovechaba también Tony para seducir a la novia de Roulette, un precioso ejemplar de mujer de Fort Wayne, con unos pies maravillosos, pero en ese momento cantaba Nic “Mandolina” mirándola tender, mientras se repeinaba con su peine pequeño, en una de tantas veces que lo hizo, a lo Dany Zuco, y comprendió que no había posibilidad alguna. Nic RouletteEl Rafter Dempseys pasada una hora se había convertido en un 50´s rockin´ hall, y llegó el turno para la versión de “Folsom prison blues” del hombre de negro por excelencia y siguió la cosa para regocijo de los asistentes con “Let me in” (no la de Winter eh!), “Hellfire!”, “The monkey song”, “I got the worst”, y Roulette subido por las columnas del bar. Al acabar el show pillamos el “Sticks and stones” de las mismísimas manos de Nic Roulette sudoroso, disco muy recomendable para quien ame el 50´s rocknroll y el rockabilly, que desde entonces nos despierta muchas mañanas en esta primavera irish, que no es tal, ya que éste es el país de cuatro estaciones en un día, con lo cual... Eso sí los dos días del festival, brilló el sol en nuestro cuore y en Irlanda. Recomendar a los promotores hispanos una visita de The Blue moon boys, que pueden hacerte pasar una velada encantadora. Tras el show, salimos disparados hacia el Hotel Ormond. Un contraste tan patético como la vida misma en este local hostelero: en una de las salas de convenciones una horrible boda con música tecno de los 80, sobrinos ebrios, padres también, suegras llorando porque se rompió el vestido de sus hijas... en fin ¿hay algo más patético que una boda en este planeta?. En la otra sala todo preparado para los ruckeros y para el líder de los Blasters, Dave Alvin. A medianoche, comenzó el show, con la sala llena, tupés, sombreros de cowboy y gente de todo tipo. Esta era otra cosa curiosa del festival, seres irlandeses que acudían con sus hijos a ver los conciertos sin complejos, aunque más bien tenían pinta de seguir a Ronan Keating, Brian Kennedy o Christy Moore. Allí salió Dave Alvin con atuendo y apariencia de forajido, mucho más que sus guilty men, aunque derrochó simpatía la audiencia. El concierto fue una gozada, rocknroll para las almas, del divertido y potente, con Alvin haciendo de las suyas con su guitarra, no es descabellado decir que es uno de los Chuck Berries blancos que existen, bien secundado, sobre todo por un teclado que por momentos, nos traía a la memoria finales de canción de banda sureña tras una descarga propia de Little Richard, Fats Domino o Buddy Holly, curioso ¿no?. El repertorio se basó casi al completo en canciones de los Blasters: “Crazy baby”, “American Music”, “Justine”, “Maria Maria”, “Long White Cadillac”, “Never no more blues”, “No other girl”, “So long baby goodbye”, “I´m shakin´”, “I don´t want to”, “21 days in jail”, “Flat top joint”, “Barefoot rock”, “Buzz, Buzz, Buzz” y para acabar, un pedazo de “Perfect” de Curtis Mayfield cantado por un guilty man, cerrando la nuit manera majestuosa, tras un show de California rocknroll espectacular, bien pasadas las 2 de la mañana. Aunque el baile no es para nosotros, y los tipos duros no bailan dice Norman Mailer, nosotros desarrollamos un baile simio y cerril a lo largo de todo el día, que avergonzaría a cualquier ser humano. El ambiente era propicio, somos foráneos, la representación rockabilly tampoco ponía sus cartas sobre la mesa del todo, aunque eran encantadores, a los irlandeses les encanta ver a gente hacer el mongolo sin prestarles atención, el ambiente y la música eran propicios. Nuestros huesos cansados, los barres cerrados a las 3, era hora de descansar FUNDIDO EN NEGRO
Un full irish breakfast pone las pilas a cualquier criatura resacosa: huevos fritos, alubias, morcilla, salchichas, bacon... Una pinta de birra drena todo ese desayuno y situados de nuevo en el The Caitlin CaryWidow Caitlin Cary, alumna aventajada de Whiskeytown, aunque no tan famosa como Ryan Adams, armada con un violín y acompañada de un maromo muy simpático, abrieron un nuevo día musical con sabor a country pop, raíces sureñas, soul, folk y rock, con canciones sobre el complejo universo de los seres humanos y sus relaciones entre ellos e interactuando con el planeta. A pesar de ser un dúo acústico transmitieron mucha energía y fuerza, el pub, que estaba más lleno que con Rosie Thomas se entregó a estos dos trovadores que además hicieron gala de un gran sentido del humor, muy negro por momentos, lo cual nos encanta. Recomendamos el disco de Caitlin Cary, “I´m Stayin´ out”. La música gratuita seguía en otros lugares, con “Rough deal string band” grupo con el que flipamos, que hacía cowboy songs de los viejos tiempos, country añejo repasando leyendas del viejo oeste. Vimos el Castillo de Kilkenny que está muy bien, y lo único malo, comer en un sitio llamado “Morrisey”, aunque la comida estaba muy buena con suficiente gravy y stuffin´, el líder de los Smiths planeaba sobre nuestras mentes, cosa poco agradable. Todo se solucionó en cuanto entramos en el grandioso pub “Paris Texas” y vimos a Big Sandy con su aspecto de mafioso latino, guiness en mano. Estábamos listos para una sesión de hillbilly, swing y doo wap, y la tuvimos con los Flyrite boys: su pedal steel nos hacía volar, su contrabajo y su guitarra agitar los riñones y zapatos de gamuza azul, su batería mover el culito sexy y Big Sandy con su voz tierna, su acústica y su enorme presencia nos deleitó con su sutileza. Tocaron al completo “It´s time”, su último disco, del 2003, canciones tan elegantes como “Chalk it up to the blues”, Bayou Blue”, “Her hair is a mess”, “It´s time”, “I hate loving you”, “Catalina”, “The night is for dreamers”, “Strollin´with Mary Jane”... en fin el disco completo, cómprate “It´s time”, tírate en la cama un día soleado, abre la venta para que te de el aire en los pies y huele las nubes, que no hace falta menstruar para eso. Mencionar la canción dedicada a Johnny y June Carter Cash, que viene en este disco, “How did you love someone like me?” en la que el gran Sandy hizo un inciso para explicarnos su contenido. El concierto acabó de manera accidentada, pero el combo Big Sandyhizo gala de elegancia. La electricidad se fue al carajo, y Big Sandy acabó la canción a capela elevado en un pasamanos, mientras el público se pedía silencio a sí mismo. Brillante broche. De nuevo en el Hotel Ormond, donde varios gorilas sacaban del salón de la boda, que hoy no sabemos que sería, a un irlandés con la camisa pija de moda aquí, a rayas o a cuadros, no recuerdo, porque hay tantos iguales. Tampoco sabemos si era por intoxicación etílica o por desnudarse y gritar “Me la suda!”, ¡nos la sudaba! Era el turno de Mark Olson, su querida Victoria y los Creekdippers. Música relajada, celestial, con dos voces maravillosas. Mark Olson con su voz campestre, añeja y peculiar, la Williams con ese deje Joplin infantilizado, y el batería de color (o negro como prefieran) y el rasta de la otra guitarra, realizaron un concierto magnífico, solo alterado por los altibajos de la Williams, que padece una extraña enfermedad, rebosa energía pero se va apagando a medida que avanza el concierto cometiendo incluso algún que otro fallo, pero se lo perdonamos. Como dijo un sabio leonés, es un grupo basado en el amor de sus dos reputados componentes. Big Sandy a capellaLos juegos de voces que hacen son brillantes, Olson es muy bueno cantando, a piano, a guitarra o a bajo, muy simpático además, como pudimos comprobar al acabar el concierto mientras firmaba discos y se fotografiaba con el personal. El concierto se basó sobre todo en el último disco "Mystic Theatre". Solo quedaba un concierto para poner punto y final al entrañable festival, Wildfire Willie and the Ramblers, en el Matt the Millars. Un combo sueco de power rockabilly. Llegamos y estaban haciendo “Proud mary” de la Creedence, siguieron con “Sweet little rocknroller” de Chuck y el lugar era un poco extraño, ellos tocaban como en alto, había mucho irlandés con el citado atuendo pijo de rayas y cuadros, mucha irlandesa pija con el traje de salir por la noche (¿putón es demasiado fuerte? no saben como van aquí estas mujeres, con el frío que hace...) pero un reducido grupo atendía al grupo, que poco a poco fue ganando adeptos e incluso apareció Big Sandy con sus chicos. El sector posh irlandés acabó bailando rock, nosotros también y el pobre contrabajista se abrió el dedo gordo, lo cual no paró la fiesta. Siguieron tocando hasta que este hombre aporreaba su instrumento casi con el hueso, sangrando abrupta e intensamente. Wildfire tiene mucha actitud, su grupo hace música 50´s con mucha clase, y de nuevo se da la paradoja, que a estas alturas no es tan llamativa, de ser escandinavos. Un buen show para poner punto y final al Roots & Rythm. Deambulando por las calles nos encontramos con Dave Alvin que de buen humor departió un poco con nosotros y nos dijo que sentía lo del 11-M y bla bla bla, en el París Texas vimos de nuevo a los chicos de la luna azul mientras las Supremes nos ponían sonrisas en las bocas y solo lamentamos perdernos a Terry Allen, el legendario guitarrista de Texas y a la Willard Grant Conspirancy, pero los conciertos coincidían, se solapaban y nos destruían los planes. No hay problema, agradecemos a Kilkenny, a Lituania, a Irlanda, a Carlsberg que patrocina esto, a los queridos seres que nos acompañaron durante el fin de semana, al rocknroll y al universo fines de semana así. Hasta otra.
 
Aleister, Demon Doran y Tony nKono
Fotos The Marquee Bonifire