| THE POINT, DUBLIN 22-2-04
68
años de humanidad, un juego de armónicas, una
guitarra acústica y un repertorio de canciones emocionantes.
Eso es lo que el Tejano Kristofferson ofreció durante
tres noches de entradas agotadas a la ciudad de Dublín.
La última de ellas, una fría y hermosamente
despejada noche de febrero, spacerockheaters se plantó
a escasos dos metros de la leyenda. Ante el público,
un enorme escenario totalmente vacío, a excepción
de un micro, que el polifacético artista llenaría
de calidez con su sola presencia. La espera hasta su aparición
en el escenario fue agradabilísima, escuchando a Cash,
el añorado man in black, A boy named Sue, I walk the
line, Ring of fire, sus impecables versiones de Personal Jesus
y Hurt... Todos esos himnos que nos acompañarán
de por vida. Hasta que apareció Kristofferson, lobo
plateado de pelo y barba, gabardina y ropajes negros, estado
físico estupendo. Él es quizá el más
digno heredero de Cash, por presencia, por carisma, por composiciones.
No olvidemos que se saco un master en literatura en Oxford.
Aunque con su música nos encontramos
más con el exceso de sustancias , el fin de los estados
estables y el carácter errático del hombre,
quizá más crudeza y menos esperanza que en Johnny.
Es atrevido decir esto teniendo en cuenta la extensa carrera
de Cash, su enorme cancionero y la diversidad de temas que
trata... Vayamos al grano. Al tener en frente a Kristofferson
viene a la memoria Sam Peckinpah por sus colaboraciones en
Pat Garret y Billy the Kid, Quiero la cabeza de Alfredo Garcia
y Convoy, Dennis Hopper y su participacion en “The Last
movie”, Martin Scorsese y su papel en “Alicia
ya no vive aquí”, Michael Cimino y su debacle
-maravillosa y compleja pelicula- “Las puertas del cielo”,
John Sayles y Kris en “Lonestar” y “Limbo”,
su actuacion en la Isla de Wight, su labor como activista
político -allí en el imperio no todos son iguales,
que a veces se nos llena la boca- y el diablo de lengua plateada
que lleva dentro. A alguien puede venirle a la mente su participación
en Blade, pero a nosotros desde luego no. Una vez comenzada
la ceremonia su voz grave y cavernosa se apoderó del
Poin Theatre, y las historias de hombres sin destino, corazones
rotos, amores cósmicos o rotos, injusticias y criminales,
oprimidos, seres que cruzan la dimensión sin retorno,
la muerte... una variado cúmulo de asuntos más
humanos que los humanos, desfilaron por las mentes de los
espectadores. El público reaccionaba cual coro de mineros
de la Leyenda de la ciudad sin nombre, creando una entrañable
atmósfera para el artista, que seguro que sentía
la hospitalidad irlandesa y más teniendo en cuenta
que era la tercera noche en muy corto espacio encima de ese
escenario. Entre canción y canción Kristofferson
hacía comentarios de lo más variado. Unas veces
se limitaba a relatar la historia que inspiró la siguiente
canción que iba a interpretar, otras hacía referencia
a sus amigos, también había momento para recordar
consejos de June Carte y Johnny Cash –Johnny lo presento
en sociedad musical en el Festival de Newport-, arremeter
contra G.W. Bush y su gobierno o el mundillo de Hollywood
y a veces algo tan simple como compartir con todos nosotros
la lenta agonía y tristeza que se suele apoderar de
todo humanoide un domingo. Siempre con una sonrisa melancólica
(algunos tienen el don de tenerla rotunda), sinceridad y mucho
humor. Todo un personaje. En dos horas y media escuchamos
su repertorio más conocido, Me and Bobby McGee, Sunday
Mornin’ comin’ down, Help me make it through the
night, For the good times, Jody and the kid, From the bottle
to the bottom, Your time’s comin’, Omce more with
feelin’, Come sundown, Please don’t tell me how
the story ends, I’ve got to have you, The Silver tongued
devil and I, Loving Her Was Easier (Than Anything I'll Ever
Do Again), The taker, I'd Rather Be Sorry, Josie, Nobody wins,
Nobody Loves Anybody Anymore, Here Comes That Rainbow Again,
Desperados Waiting for a Train, They Killed Him.... Un gozo
tras otro, calma para el alma.
Kristofferson finalizó el show dando la mano a todo
aquel que se acercó a pie del escenario, firmando discos
y libros que muchos aficionados llevaban consigo y recibiendo
ramos de flores que dejó en el escenario. Después
no se que sería de su noche dublinesa. Nosotros aterrizamos
en un pub aledaño donde un ser interpretaba canciones
de Johnny Cash a la guitarra, redondeando con guiness una
noche que nos dejó un gran sabor de boca.
NOTA: Las fotos no corresponden al concierto.
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