¡QUE BONITO ES MADRID!
 
Qué bonito es Madrid, qué bonito es Madrid!!! Gritan los Spacerockeros cada vez que tienen oportunidad de ir a la capital huyendo del mundanal vacío. Como un zombi manolaco y muerto de hambre y con ansia de colgarse de la teta eterna de la diversión que da la gran urbe comparado con la famélica ciudad aspirante a la capitalidad cultural en la cual residimos.
Esta vez Svinia, Chikatila, Sar y Kanuto volaron raudos por la autovía al encuentro de todo lo bello que se nos niega a diario. Sólo había una pequeña pega, y esta era la ausencia de nuestro amado Aleister, en estos momentos y como muchos habréis leído ya en esta vuestra página, revolcándose los cueros en los United Estates. Desde aquí un gran abrazo y decirle que Madrid no es lo mismo sin él.
Tras dejar el equipaje en un internacional corral de cabras en la misma Manuela y bajo las acertadas indicaciones de el Sr JF León, chocaron nuestros huesos con la Sala Revolver, ahora en la c/ Silva, al ladito de la Gran Vía, para presenciar uno de los dobles carteles más atrayentes del rock patrio por miles de razones que luego relataremos, una suerte de Flying Circus of Ruakenroll. La elección de este show no nos permitió poder ver como se las gastan en directo The RIPPERS y degustar ese “Invertebrat”, uno de los mejores discos (el mejor quizá?) que se grabó el año pasado en este país.
A lo que estamos, en la céntrica sala madrileña presentaban MOTOCICLÓN su primer sg, “Somos del rock”, contando con el apoyo de los no menos sorprendentes BASQUE COUNTRY FARAONS, medio cuerpo de los nunca suficientemente valorados MERMAID.

NI PUNKI NI JEVI TRON: SOY UN FARAÓN
A las 21 horas (vaya horitas para un concierto) abrieron los faraones dejando en menos de media canción varias cosas muy claritas:
-Cabeza fuego es un frontman IM-PRE-SIO-NAN-TE.
-El sentido del humor ofrecen en sus temas no significa que el grupo sea una broma, ni mucho menos pequeñuelo, esto es serio, muy serio.
Hacía tiempo que no disfrutaba tanto de un show, tanto en el aspecto musical, inapelable, como en el puramente lúdico, a pesar, que supongo que sería por el horario, el público estaba como momias, cuando menos desconcertado ante el despliegue de Firehead, ataviado como Búfalo Bill y con el St Vitus Dance en el cuerpo, arrolló con todo, bailando, haciendo snowboard con una mesa, tocando la armónica, las maracas, alucinando en colores y haciendo alucinar. Los macarrónicos temas propios, se mezclaban con versiones imposibles de grupos tan dispares como POGUES o CREEDENCE, haciendo la picha un lío al crítico más ramplón. Puede temblar el pueblo de Israel, ni Charlton Heston con todo el NRA detrás lograría sacarlos de Egipto con semejantes Faraones y es que temas como “Ese es mi coche”, “Superpoderes” y la aún inédita “Soy un Faraón” (Himno de Himnos) me dieron energía para varias vidas.

ME CAGO EN ROCK

Casi de seguido y con mucha más gente, saltaron a las tablas los leones de Vallecas a defender su recientito Ep. Sin llegar musicalmente a la altura de sus compañeros de noche, esta banda no tiene desperdicio ninguno. El frikismo y el hormigón, el macarreo y la locura y sobre todo el ser ellos mismos. Al igual que Los faraones eukaldunes, MOTOCICLÓN es un combo sólo comparable con Motociclón. Cada componente posee una personalidad definida, liderados por esa bestia amada por todos llamada Robertez, flanqueado por un guitarrista que parece un clon de Brian May y jevi como el sólo, un bajista salido de una peli de kung-fu de serie B y un bataca punk, te sueltan unas ostias que bien podían ser la Banda sonora de “Deprisa deprisa” o “el vaquilla”, como la pinchada de Mr Bradley, el personaje de comic de la excelente serie “Odio”, al que por cierto expolian a modo de tributo unas estrofas.
Superhéroes de barrio, militantes de tascas peligrosas, amantes del ruido y el polvo rápido en el WC, auténticos héroes Marvel-Cañí.
Musicalmente beben tanto de la BANDA TRAPERA, como de OBÚS, haciéndote recordar aquellos tiempos y lugares donde las muñequeras de pinchos no eran moda stradivarius. Todo mezclado en la hormigonera dan lugar a una masa de cemento con nombres tales como “Mi barrio”, “Culebras del rock”, “Bocachanclas” o su canción emblema, “Crapulismo”, con un gancho brutal y con una primera estrofa simplemente antológica en idioma Robertal :”Me castigo el Chorizal, antes de salir de fies”.
Supino.
Aunque todo esto no sería lo mismo si no contaran en el frente con ROBERTEZ, un mundo en si mismo, marcándose un break-dance entre el público a media canción, soltando arengas en su propio idioma y dejándose la piel, de manera literal en un escenario que sufrió en sus tablas un elefante desbocado (del rock por supuesto).
Me quedo con la imagen sin igual de ROBERTEZ, barriga al aire, gritando desde las alturas en la rampa que unía el escenario con los camerinos en una imagen casera de las correrías de los dioses jevis en sus macroescenarios.

Un doble cartel que es verlo para creerlo, oírlo para amarlo, sudarlo para entenderlo. En mi DNI ya pone FARACICLÓN.

Cargaditos con el sg de los vallecanos y las tres cobras en el pecho dimos paso al
after show con Babe, insigne rockero y habitual de foro Maggotero y con los incombustibles Muñones Fumestones y Paquito el bendito, primero en el Mini-Bar y posteriormente en el Groovie, donde tuvimos el placer de conocer, al fin, a Lluci, capo de H-Records.
Templadetes y muy agustito a sobarla. Día de 10 sobre 10.

LA VERDAD Y LA VIDA
Sábado 9 y sólo teníamos ojitos y oídos para lo que se nos avecinaría encima. Ni más ni menos que disfrutar en carne y hueso el ROCK & ROLL. Tener el privilegio, tardío (un brazo y parte del otro daría por haber estado 50 años atrás en el sitio justo), de ver al monstruo de San Luis a escasos metros, de disfrutar de la presencia directa de una de las personas más influyentes del siglo XX a todos los niveles, de que mi sucio cuerpo mortal pueda rozar a un verdadero inmortal...en definitiva, de poder morirme más tranquilo: veré a CHUCK BERRY.
La espera se hizo larga y el frío serraba de cojones a la puerta de la Riviera, lugar demasiado pomposo, gigantesco y caro para mi gusto, aunque me impresionó al ser la primera vez que la veía.
Con la excelsa compañía de los gemelos, Nacho & parte de la Chico's Trouppe, que nos comentaron lo inminente de su segundo y esperadísimo disco.
Un ratito de espera y ya estaban sobre el escenario J. Teixi Band, que cumplieron con su papel de calentar al heterogeno público. Personalmente su pulido Rhytm & Blues y Rock no me llenó más allá del simple pasatiempo encontrando desfasadas ciertas propuestas aunque agradeciendo que alguien se acuerde de Waits, aunque sea limando sus asperezas y en castellano.
Y llegó el momento de la verdad. Dios es negro y lleva guitarra. Por momentos me sentía extraño ante tal acontecimiento no sabiendo digerir lo que iba a tener delante...y por fin, con una camisa de lentejuelas azul hizo su majestuosa aparición...
Mi primera impresión fue de absoluto desconcierto, con un “Roll Over Bethoveen” que sonó muy ralentizado y extraño. Y es que no nos vamos a engañar, 80 años pesan te llames como te llames...pero que cojones!!!! Tienes delante al tipo que compuso “Johnny Be Good”!!!!! Deberías dar gracias a diario por la suerte de poder haber estado allí. La ejecución de los temas fue entonándose poco a poco al igual que Mr BERRY, que comenzó a sentirse brutalmente cómodo y derrochar CARISMA del bueno, del auténtico, del que te hace arrodillarte y comulgar por que no puede ser de otra manera.
Que el público estaba ya rendido antes de empezar, eso es claro, pero el amo de la guitarra los machacó por completo, dando en el aspecto personal más de lo que muchos pudieran pensar y mostrandose contento, feliz, riendo cuando no le dejaban cantar, acercándose a las primeras filas, cantando una ranchera en un aceptable castellano, gimmick muy recurrente cuando se viene de fuera, aunque no supiese ni para de lo que estaba cantando, moviendo obscenamente su pelvis...el resto de la banda ni existía (mención especial al cutre-bajista, con su bigotón y gorra roja). El momento más grandioso fue cuando consiguió callar a la totalidad del mundo para dedicar 11 segundos de silencio a la memoria de RAY CHARLES, sonando únicamente los golpes de su zapato contra el escenario a modo de cuenta atrás.
Su preciosa guitarra repasaba los más auténticos capítulos de la biblia del rock, usease “Roll over Beethoven”, “Maybeline”...que te voy a contar que no sea uno de los mayores legados que haya hecho nadie a la humanidad
Su cansado cuerpo, generoso en el esfuerzo, necesitaba por momentos el descanso del guerrero y aposentaba su culo sin dejar de tocar o aprovechando para aporrear el piano.
Para remate hizo subir a una serie de chicas a bailar (o lo que fuese aquello) al escenario mientras. Y así, sin dejar que la voz de las 6 cuerdas se perdiese, se evadió por un lateral del escenario ante un público que quería más que los 60 históricos minutos que recibieron. Rey de Reyes, su reino es verdaderamente de este mundo.

Con las partes arrastrando y los bolsillos retorcidos incapaces de suministrar más jugo vital, tuvimos tristemente que renunciar a nuestra cita con el Tributo a Thin Lizzy que nos proponía el Gruta 77. Un par de birritas en el Groovie con la proyección sacrosanta de Pepe Kubrick y a planchar la oreja. Mañana la vuelta al mundo real.

 
Kanuto