ROBERT JOHNSON: “ME AND THE DEVIL BLUES”
 

...“Early this morning
When you knocked upon my door
And I said “Hello, Satan,
I Believe it´s time to go”...

Casi todo buen aficionado a la música, conoce la historia de Robert Johnson. En mayor o menor medida, de oídas o leídas, sabe que el maligno, el blues y lo sobrenatural, se mezclan en la historia de este legendario guitarrista de los años 30. Por tanto, la simple y sincera misión de éstas líneas es recordar su figura, música, vida y trayectoria, y nombrar a nuestro querido bluesman del delta del Mississippi, miembro de honor de Spacerockheaters. Es una tarea complicada, apenas existen documentos o datos verídicos y corroborados. Casi todo lo que se conoce de Robert procede de testimonios de sus allegados. Además, en los años 30, gran parte de la población negra vivía en régimen de semi-esclavitud en campos de cultivo o limpiando la mierda que dejaban los blanquitos con pasta en sus casas, los periódicos no hablaban de músicos negros ni tampoco de negros, la mayoría de ellos no tenían acceso a la educación formal, era un mundo rural en el que la información corría de boca en boca y la música les servía para evadirse de la dureza de la vida, durante una alcohólica madrugada, en algún granero.
Si quieres viajar con tu mente a Memphis, Tennessee y jugar un rato con el diablo, al son del blues más arcaico y puro, con el elegante Robert, bienvenido seas amiguito.
Robert Johnson, nació probablemente el 8 de Mayo de 1911 en una plantación de Hazlehurst, zona del estado de Memphis situada en los alrededores del Delta del Mississippi. Fue el undécimo hijo de Julia Major Dodds. Los diez primeros hijos fueron engendrados con Charles Dodds, pero el hombre tuvo que abandonar la plantación y marcharse a Memphis, porque tuvo una discusión con importantes terratenientes blancos y cambió su apellido a Spencer, para que su vida corriera menos peligro. Julia, en la ausencia buscó rápidamente sustituto de alcoba, que la vagina pica tanto como el pito, y se vio varias veces con Noah Johnson, que vivía en la plantación. El pequeño Robert nació fruto de una de esas noches de lujuria. Siendo un renacuajo, marchó junto a sus 10 hermanastros con su padrastro a Memphis, porque la mamma Julia pasaba una mala situación económica y no podía mantener a diez bocas. Uno de los hermanastros, Charles Leroy, le enseñó ciertos rudimentos de guitarra. Su madre se volvió a casar con Willie “Dusty” Willis. Robert regresó con ella otra temporada al Delta. Robert era ilegítimo y vivió con mucha gente distinta, de ahí que se le conociera en la zona con diversos apellidos, Robert Dodds, Robert Spencer, Robert Little Spencer, Robert Dodds Spencer Jr y Robert Dusty Jr. y quizá algún nombre más. Parece ser que durante su adolescencia descubrió quien era su padre, Noah Johnson, y él mismo decidió adoptar ese apellido. Aunque algunos afirman que más bien se debía a la influencia en su vida de Tommy Johnson, otro bluesman diabólico y muy conocido en el delta.
En el Delta los referentes musicales eran Charlie Patton, Tommy Johnson, Skip James, Howlin´Wolf y Willie Brown. C. Patton, nacido en 1880, puede ser considerado el primero que consiguió ese sonido que hoy se conoce como blues del Delta, engendrado en un pueblo llamado Drew, en el mismo corazón del famoso ensanche del Mississippi. Consistía en una mezcla de canciones de iglesia, cantos referentes a la dureza de la vida en el campo, viejas canciones de baile y éxitos del momento, reinterpretados con el alma y la guitarra. Era la banda sonora de los sábados noche, la música que alejaba a los trabajadores negros de la cansina y demoledora rutina diaria durante unas horas de evasión, diversión y entretenimiento. Los bluesmen Johnny Shines, Son House, Willy Brown y Robert Jr. Lockwood, que vivían y tocaban en el delta, fueron los que más contacto tuvieron con Robert Johnson, los que mas han aportado a su biografía
Robert no recibió educación de ningún tipo, pero según los que le conocían tenía una letra hermosa, “como las mujeres” decía Johnny Shines. Odiaba el trabajo en el campo y lo que más le gustaba era errar de pueblo en plantación, en busca de alicientes nuevos. Los únicos que conseguían evitar la plantación eran los músicos o los criados de blancos, pero obviamente, mejor ser músico. Cuando era jóven, Robert sabía tocar la armónica y era bueno con ella, pero con la guitarra era mediocre. Hacia 1929, Willie Brown y Son House, que solían tocar juntos en los bailes de Sábado noche, le dieron una oportunidad ante la insistencia del jóven Robert pero tuvieron que quitarle la guitarra porque la gente embrutecía ante el horrible sonido. La vida de Robert, continuó siendo errática y sin destino. Era un tipo muy tímido y críptico según todos los que le conocieron. Siempre estaba en su propio mundo y hablaba sólo lo justo y necesario.
Se casó por primera vez en 1930, pero su mujer enfermó y murió ese mismo año. Con 22 años, Robert era viudo. En 1931 se casó otra vez en un lugar a medio camino entre Hazlehurst, su tierra natal, y la casa de Tommy Johnson en Crystal Springs, al que visitó más de una vez . Pero su vida de matrimonio no le ató los pies. Durante un año se dedicó a viajar por todo el Delta, regresando de vez en cuando a ver a su mujer, la única que sabía algo de él. Pasado un año de su primera aparición en un baile de Sábado noche con guitarra, Robert apareció de nuevo, guitarra en mano en Banks, al este de Robinsonville, Mississippi. Según Son House y Willie Brown, que tocaban allí aquella noche, lo vieron llegar y empezaron a bromear sobre el pequeño Robert, mientras se dirigía hacia a ellos en el escenario. Se rieron de él en su cara, pero Robert quería tener otra oportunidad. Finalmente le cedieron el sitio, y todo el mundo en aquel granero quedó estupefacto ante el sonido que aquel chico negro de veintipocos años sacaba a su guitarra. Nadie había escuchado algo parecido, la técnica del blues evolucionaba con esa nueva manera de tocar. Entre la gente de las plantaciones el analfabetismo era generalizado, las historias corrían de boca en boca. Era el caldo de cultivo perfecto para la superstición. Cuando aparecía un nuevo talento que sorprendía a las masas empezaban a circular rumores mágicos. De Howlin´ Wolf ya se decía que había vendido su alma al diablo y LeDell Johnson, afirmaba lo siguiente de su difunto hermano, Tommy Johnson:

“Si Tom viviera ahora, te lo diría él mismo. Él decía que la razón por la que sabía tanto era porque se había vendido al diablo. Le pregunté cómo, él dijo, si quieres aprender a tocar cualquier cosa que quieras tocar y aprender a hacer tú mismo canciones, coge tu guitarra y ve donde un camino cruce el tuyo, un cruce de caminos. Llega allí, asegúrate de llegar un poco antes de las doce de la noche para saber que llegarás a tiempo. Tienes tu guitarra y tienes que estar tocando algo tuyo... Un gran hombre negro caminará hacia allí, cogerá tu guitarra y la afinará. Tocará algo y te la devolverá. Esa es la manera en que yo aprendí a tocar cualquier cosa que quería.”

Cierto es que Robert visitó muchas veces a Tommy Johnson. Quien sabe si siguió su consejo. La gente estaba totalmente segura y la leyenda popular está escrita así. Son House y Willie Brown, los que cedieron el escenario a Robert aquellas dos noches, están totalmente convencidos de que vendió su alma al diablo, porque era imposible que en el escaso margen de un año se diera una evolución tan grande en las manos de Johnson. Alguno que nosotros conocemos, hizo lo mismo, matando un gato negro en un cruce de caminos a medianoche, para invocar a lucifer. Pero quizá falló el añadir a la receta el gato muerto o Lucifer estaba cansado o drogado, porque mi querido compañero todavía no ha salido del anonimato. Lucifer quiera algún día que logre el éxito, la fama y la veneración. Yo le invoco desde el ciberespacio de SHR para ello.
Johnson era celoso con su técnica, parecía esconder siempre algo. Muchas veces tocaba de espaldas. Lo cual acrecentaba las creencias de otros músicos sobre la influencia del maligno. Parecía guardar secretos que no quería mostrar. También era famoso su pánico escénico. Si tocaba con más gente lo pasaba fatal. Casi siempre se negaba y si conseguía tocar con alguien más lo hacía de espaldas a él, mirando hacia alguna pared.
Comenzó así la leyenda de Robert, pero lo más importante, sus viajes y su vida como músico profesional. Entendiendo en este caso la profesionalidad como ganarse la vida con ciertos apuros con la música, Robert no era Duke Ellington desde luego. Sus ganancias eran el mínimo para poder ir de pueblo en ciudad, comer algo de vez en cuando y quizá comprar algún traje, que a juzgar por la foto, le sentaban de maravilla. Robert era misterioso, pero también muy atractivo, con unas cuidadas manos y dedos muy delicados. Según Don Law, posterior productor de Johnson, “las manos más hermosas que vi nunca”. De los alrededores de Memphis saltó a St. Louis, Chicago, Detroit, New York y todos los pueblos de los alrededores de estas áreas metropolitanas. Todos las salas de fiesta que servían a los trabajadores negros para olvidar la pesadilla del trabajo y la semi esclavitud, todas los graneros de plantaciones que los sábados se convertían en una orgía festiva y desenfrenada, eran paradas obligadas. En autobus, en tren, en autostop o en camión, Robert iba de un sitio a otro. Según los que viajaban con él, Robert parecía no despeinarse. Podía viajar durante horas en los vagones más asquerosos y el mantenía su traje impecable, su pelo en sus sitio. Quien haya visto “Oh Brother where are thu?” de los Coen, tiene un ejemplo de cómo viajaba Robert. Los tres prófugos recogen al bluesman elegante y autostopista en un cruce de caminos, y no debía ser muy diferente la manera en que Robert Johnson se desplazaba.
La gente amaba a Johnson, hombres y mujeres disfrutaban con su música. Tenía magnetismo, era querido y recordado en todos los sitios que visitaba. No hay mejor fiesta que una fiesta esquizoide y sudorosa de negros. Pero era necesario encandilar al público para ganar dinero. Se pagaba una miseria por actuar en un salón o granero en sábado noche, pero si la gente disfrutaba con la música llegaban las propinas, que eran el verdadero ingreso sustancial de dinero. Como también lo era tocar en cualquier esquina de un pueblo, en la plaza del mercado, en la parada del autobús... Un poco más de “moooneeyy!!” como diría Chuck Berry, nunca estaba de más en aquellos tiempos. Para gustar a la gente, era imprescindible conocer muchas canciones famosas y hits populares del momento. Según Shines que viajaba muchas veces con él, Robert podía tocar todas las canciones que escuchaba, aunque sólo fuera un fragmento de ellas, nota por nota y enteras. Cualquier estilo, cualquier cosa. Desde un tema de jazz a una simple canción popular. Este talento, era una ventaja muy favorable de cara a la economía.
Robert empezó a conocer también a músicos, cosa que tampoco le importaba demasiado. Más bien los músicos querían conocer al prodigio. Robert Nighthawk, Sony Boy Williamson, Peter Wheatstraw, Roosevelt Sykes, Henry Townsend...
Y también comenzó a establecer “hogares” confortables en todos los sitios que visitaba. Como hemos dicho, era un tipo de pocas palabras, pero era guapo. Las mujeres no le hacían ascos. Según testigos, eran todas mujeres muy normales, no le gustaban las más atractivas. Le llamaba la atención la simpleza no el glamour. Casi todas eran mucho mayores que él, de 30 en adelante. Según Shines, “buscaba mujeres que le cuidasen”. A Johnson no le iban las lolitas ni las niñatas. Sin embargo, había un grave problema con las mujeres maduras: los maridos. El fatídico destino, demostraría que Robert jugaba con fuego. Sus conocidos lo definían también como un tanto inmaduro, aventurero, con ciertas conductas temerarias. La fama no cambió sus repentinas desapariciones de uno o varios meses. Seguía haciendo lo que le daba la gana y deambulando por la tierra trema.
Una de sus amantes, era la madre de Robert Jr. Lockwood, posteriormente uno de los bluesman de Chicago más famosos y músico de estudio de la prestigiosa Chess. Ella tenía unos quince años más que Johnson; Lockwood, tres o cuatro menos que él. A pesar de todo, Lockwood, habla con más respeto del genial amante de su mamá que de su padre. El caso es que tenía cama, compañía, sexo y comida caliente en todos los sitios donde actuaba, era su particular red de hospedaje.
Llegó el momento de grabar, aunque no era el objetivo de ningún músico negro. La oportunidad se presentaba como una opción más en sus vidas y aceptaban el reto.
Robert Johnson registró sus canciones en acetatos a través del mismo hombre que llevó a un estudio de grabación a Charley Patton, Skip James, Tommy Johnson y la mayoría de bluesman que pudieron grabar algo en aquella época. H. C. Speir, un hombre blanco que llevaba una tienda de discos en Jackson. Sabía que estaba rodeado de geniales intérpretes en el área del Mississippi, así que comenzó su cacería de talentos de color negro. De este modo, se aseguraba existencias de discos para vender en su tenderete. El propia Speir ha comentado en más de una ocasión no tener un especial interés en la música. Pero desde luego buen gusto no le faltaba. Lo que Sam Philips o los Chess Brothers han sido para la historia musical del siglo XX, también puede representarlo perfectamente el señor Speir. Es loable conceder la alternativa a todos esos grandes músicos negros que de ningún otro modo podrían haber entrado en un estudio. Según Skip James, el reclutamiento de talentos era sencillo, se ponían anuncios en los alrededores de Jackson para las audiciones, que corrían de boca en boca. El día que se realizaban los mejores músicos de kilómetros a la redonda hacían una larga cola y pasaban uno a uno delante de Speir. Algunos eran enviados a casa a los 10 segundos de empezar. En la prueba de Skip, sólo él fue escogido. Robert Johnson pasó por una de esas audiciones cuando tenía 24 o 25 años, en 1936. La reputación de Speir estaba consolidada. Hacía ya siete años que Patton grabó su música gracias a él, y la comunidad negra apreciaba su trabajo. Eran muchos los que habían salido de las plantaciones de algodón gracias a los dólares que conseguían con la mediación de este blanquito. Cuando Robert se personó en su tienda, estaba en contacto con el sello ARC. Después de la prueba pasó el nombre de nuestro negro a Ernie Oertle, cazatalentos y vendedor para ARC en el medio sur. Oertle ofreció a Johnson viajar a San Antonio, para grabar en Noviembre de 1936. Por supuesto que aceptó, le comentó a su hermana “me voy a Texas a hacer unos discos”. El músico negro, una vez en contacto con el mundo discográfico, se daba cuenta de lo afortunado que era por vivir esa experiencia. La novedad de ver un estudio de grabación, la posibilidad de registrar la música para ser oída, ganar una buena cantidad de dinero por ello (nunca pagados como blancos y sin royalties ni derechos de ningun tipo), darse a conocer entre más gente y sobre todo pasar a la posteridad, cosa que Johnson logró con creces. Es un personaje legendario. Viajó con Oertle haciendo diversas paradas para vender discos el blanco y para dar algún show el negro. Y finalmente llegaron a San Antonio. Johnson fue llevado al Gunter Hotel, donde Art Satherley dirigía las sesiones de grabación. Después viajó a Dallas y Fort Worth, para grabar más. The Chuck Wagon Band, una popular banda de swing y dos grupos mexicanos estaban en aquellas sesiones. El A&R de ARC, Don Law, recuerda que pidió a Johnson tocar la guitarra con los mexicanos para la grabación y “sufrió un extraño caso de pánico escénico, se dio la vuelta hacia la pared, dando la espalda a los músicos mexicanos, pero se calmó lo suficiente para poder tocar, pero nunca miraba a su audiencia”. Robert grabó 16 temas entre los días 23 y 27 de noviembre del 36, con algún hueco en medio y con altercados. Don Law lo sacó de comisaría, posiblemente porque era negro y por estar caminando solo por el estado de Texas. Unas horas después de sacarlo de la celda, Law recibió una llamada de Johnson: “Estoy sólo”. Law respondió: “¿Sólo? ¿A qué te refieres con sólo?”. El bluesman se explicó: “Estoy sólo y pasaba una mujer por aquí... Ella quiere 50 centavos y yo no tengo un clavo”. Las meretrices quieren cobrar por su trabajo, lógicamente.
Se desecharon tres canciones de aquella primera sesión, “Kind hearted woman” porque se parecía mucho a una de Leroy Carr, “I Believe I´ll dust my broom” y “Sweet home chicago”, por su similitud con el blues de Kokomo Arnold, “Old Original Kokomo blues”. Finalmente no se puso en circulación tampoco, “If i had possesion over judgement day” por su contenido, que en aquella época se consideraba excesivo. Pero aunque esos temas tuvieran un parecido con otras canciones, lo esencial es que Robert había trasladado el woogie boogie del piano a la guitarra, inventando el boogie, haciéndose el mismo la propia línea de bajo, sobre la línea principal y Aportando esa manera desgarrada y sobrenatural de aullar a la soledad que salía del fondo de sus vísceras.
Había canciones originales, que no se parecían a nada como “Terraplane Blues”, “Rollin´and tumblin´”, “Cross road Blues”, “Walking blues”, “Preachin´ blues (Up jumped the devil)”, “Ramblin´ on my mind”, sobre la vida nómada y la huida constante, “Come in my Kitchen”, en la que el timidísimo Robert invitaba a la gente a su diabólica cocina para conocerle mejor. O quien sabe, porque nunca hubo tiempo para interrogarle sobre ello. Robert volvió a casa contando su experiencia en los estudios, las luces de comienzo y final, los aparatos..., con 100 dólares en el bolsillo y varios discos para darle a su familia y allegados. Debía ser una estampa curiosa ver a Johnson enfundado en su traje, con su guitarra, caminando por un camino polvoriento y entregando unos discos con su foto a gente que nunca podría escucharlos. En 1937, hubo una segunda sesión, donde registró “Malted Milk”, “Honey moon blues”, “Little Queen of Spades”, “Love in Vain”, “Stop breakin´ down” (ambas versioneadas por los Stones), “From four until late”, “I´m steady a Rollin´ Man”, “Travelling riverside blues”, “Milkcow´s Calf Blues”, “Stones in my passway”, “Drunken hearted man”, “Me and the devil” y “Hellhound on my trail”. Abandonó el estudio el 20 de Junio del 37, cuando finalizaron las sesiones, para ir a tocar a Red Water, Texas, con su amigo Johnny Shines. Con él fue a varios sitios, el más curioso de todos Illinois. Shines recuerda que no había negros allí. Les miraban como extraterrestres y les ofrecieron dinero para un show. El espectáculo no era la música, era verlos a ellos, como en el zoo, así que el siguiente día, movieron sus culos a otra parte. Después siguió viajando por gran parte de la geografía americana, sobre todo el sur, para dar más conciertos. Desapareció de nuevo de su círculo de conocidos. Tenía dinero y podía ser un Ramblin´ man durante un buen tiempo. Lo último que supieron de él Robert Lockwood Jr., Shines y Howlin´ Wolf, que solían acompañarle en algunos shows, era que regresaba al Mississippi. Además no querían ir junto a él. Ya hemos hablado del espíritu temerario de Johnson y muchos humanoides buscan en su vida la seguridad y el control que los seres marcianos como Robert desprecian. Así que cada cual con su camino. Una noche de agosto de 1938, Robert estaba tocando en una sala de fiestas, cerca del pueblo de Three Forks, condado de LeFlore, en el Delta. La fiesta la celebraba un tal Ralph y las camionetas transportaban a la gente desde los pueblos cercanos. Le acompañaba el bluesman Honeyboy Edwards. Robert solía calentar la camita de la mujer del tal Ralph, así que estaba en su punto de mira. Primero tocó Honeyboy y luego Johnson. Mientras Robert deleitaba al personal, Honeyboy observó como los amigos de Ralph le daban vasos de whisky continuamente, que bebía con placer. Honeyboy no probó ninguno. Hacia la una de la madrugada, Robert se sentía mareado, pero la gente estaba borracha con ganas de fiesta. Johnson lo achacaba a su estado de embriaguez, y decía “Estoy mareado, todos lo véis, estoy tocando, pero sigo mareado, no estoy como para tocar”. Hacia las dos, se derrumbó, no podía más y lo llevaron al pueblo. Ralph se había vengado de Johnson con whisky envenenado. Al parecer, pasó varios días muy enfermo, convaleciente. Finalmente murió. Otra versión es, que estando borracho, fue atacado por dos hombres en un solitario camino mientras regresaba a casa, pero no está lo suficientemente corroborada. De cualquiera de las maneras, las autoridades no investigaron el asunto. Al sheriff del condado de LeFlore, le importaba un huevo que muriese un negro en extrañas circunstancias y no iba a perder su tiempo en averiguar las causas y los culpables. La ley sólo cuidaba de los chicos blancos. El racismo patente, los ciudadanos de segunda clase no tiene amparo. Había testigos diversos, el más directo Honeyboy Edwards, que insiste en el envenenamiento y en una larga convalecencia de varios días hasta la defunción. Robert fue enterrado en una pequeña iglesia cerca de Morgan City, en las afueras de Greenwood, en una tumba anónima. Aunque no se sabe con exactitud el emplazamiento real. No existe tampoco certificado de defunción y de nuevo el misterio aparece en la vida de Johnson. Muchos dicen que fue el maligno una vez más, que tras conceder el talento, te lo arrebata eliminándote del mapa sin dejarte disfrutarlo. ¿Se leería alguien en el Mississippi Fausto? Como cantaba Robert:

“You may bury my bury my body down by the highway side
so my hold evil spirit can catch a Greyhound bus and ride”

Esperemos que así fuera, y Robert volara lejos en ese galgo bus. Si yo fuera Lucifer lo tendría tocandome todas las noches blues diabólicos para conciliar el sueño.
Los familiares, amigos y conocidos de Robert Johnson fueron enterándose semanas e incluso meses después. La sociedad de la información estaba por llegar, desde luego (Y ahora muchos nos arrepentimos de que haya llegado) De nuevo el boca a boca, el testimonio oral, que dependía del destino y el azar.
El nombre de Robert figuraba en el cartel de un concierto organizado por John Hammond en el Carnegie Hall “From Spirituals to Swing”. Estuvieron buscándolo durante semanas, hasta que pocos días antes, recibieron la noticia de su fallecimiento. El sustituto fue Big Billy Bronzy, aunque el nombre de Johnson siguió figurando en el cartel. Bronzy dedicó su actuación a Robert Johnson, como tributo al blues diabólico, renovador y salido de lo más profundo de las entrañas.
No hubo tributos multitudinarios, ni titulares en periódicos, ni conmoción social, ni tumbas floridas y frecuentadas por miles de seres. Robert está enterrado en cualquier miserable pedazo de terreno del Delta del Mississippi y murió como un perro sarnoso.
Tenemos todas las grabaciones que hizo a nuestra disposición, en cualquier tenderete.
Al menos la música y la visión de Robert de un mundo sin salvación, redención ni descanso, ha perdurado en el tiempo, gracias a un largo número de músicos que rinden tributo al solitario, errante, enigmático, misterioso y sobrenatural Johnson. Su leyenda perdura y su memoria está presente en todos los hombres de alcohólico y rockero corazón.

 
Aleister