THIN LIZZY GLOBAL CHAOS TOUR 2003
THE BOYS PLAY AT HOME
5-12-03 AMBASSADOR THEATRE, DUBLIN
 

Scott GorhamAsistir a un concierto de Thin Lizzy en la capital de irlanda viene a ser para el dublinés lo mismo que para un sevillano cazurro ver a Curro Jiménez en la Maestranza. Desde luego que no moveríamos nuestro culo para observar la lucha del hombre contra el toro, pero si que lo movemos para escuchar esos emotivos riffs e incontestables himnos de la mejor banda dublinesa de todos los tiempos ¿Quién coño son U-2? Con Thin Lizzy tenemos rock y feelin´ de sobra para alimentar nuestra penosa alma y evadir nuestras mentes de la atenazante cotidianidad que tanto aborrecemos. Jailbreak, Bad Reputation, Black Rose, Chinatown... discos de oro y diamantes, auténticas bandas sonoras vitales. Lo primero que nos llamó la atención al entrar en el Ambassador fue el ambiente juvenil que dominaba el ambiente. La mayoría de asistentes aún lucían acné acompañando a sus camisetas del grupo y sus puras borracheras adolescentes, y la vieja guardia, en número aceptable, quizá haya tenido demasiadas noches Lizzy en sus vidas o tenía mejores cosas que hacer. También se observaban familias al completo, lo cual nos suele provocar la sana y momentánea envidia de no haber tenido unos rockeros progenitores que nos llevasen a ver conciertos cuando éramos tiernos e inocentes churumbeles. Aunque nos sentimos afortunados, porque a veces estos padres liberales y anarcos suelen caer en la pseudo-repetición de clichés, y preferimos unos al uso para salirnos nosotros del tiesto. Sigamos con los Lizzy que esto no va de putas familias ni putos padres. Los teloneros, no se como se llaman, ejecutaron una media hora de aburrido y reiterativo post-grunge, con un cantante sano pero sin sangre en las venas. La barra apoyaba nuestros cuerpos en espera del plato fuerte. El público coreaba Lizzy, Lizzy, Lizzy!!! y los cuernos se alzaban por encima de las cabezas. Este concierto es como el día de San Patricio, es una auténtica fiesta en irlanda y la gente está entregada sin necesidad de motivación especial de los músicos. En Irlanda quieren a los suyos con fervor y orgullo patrio, éste grupo es patrimonio nacional. La banda salió al escenario en medio del sonido de sirenas, luces en movimiento que buscaban el techo del teatro y el griterío popular. Lógicamente la apertura necesaria para ésta escena era el clásico “Jailbreak”, y así fue, Tonight is gonna be a jailbreak!!!, era algo que teníamos claro. Pocos temas pueden encajar tan perfectamente en el comienzo de una ceremonia de rock. Con los primeros acordes pudimos comprobar como Scott Gorham y John Sykes, estandartes de los clásicos Thin Lizzy, con muy buen humor y disposición, tablas y mucha clase, bien acompañados por el enorme batería John SkyesMichael Lee y un jóven bajista llamado Philip Gregg mantienen vivo el sonido de la banda de una manera muy digna. Sykes es el encargado de cantar, y su voz transmite lo suficiente y muchos más, como para no sentirnos estafados viendo a Thin Lizzy en el 2003. Después vino “Waiting for an alibi”, saludos al público que gritaba y gritaba y gritaba, para dar paso a “Don´t believe a word” y como no podía ser de otra manera (no nos habíamos olvidado tampoco nosotros) primera dedicatoria para Philo, como aquí le llaman cariñosamente, Mr. Phil Lynott, el cowboy más famoso de irlanda, que seguro que brinda en algún pub del averno con Rory, Jimi, Joey y todos los demás: “Cada segundo, cada minuto, cada momento de este concierto está dedicado al número uno del rocknroll, Mr. Phil Lynott, que está aquí con nosotros” en palabras de Sykes mientras señalaba al techo y todo el mundo coreaba “Philllooooo, Philooooooo!!!!!!!!” cuando empezaron los acordes de “Chinatown”. La fiesta estaba empezando, la gente no dudaba en abrazarte para cantar a voz pelada las canciones tampoco en acompañar con las palmas, en hacer circular nefandas sustancias químicas ni en hacer un espectacular despliegue de guitarras al viento. Así siguió durante todo el show. Gorham y Sykes hacen esas maravillosas combinaciones de guitarra y cristalinos riffs que te ponen los pelos como escarpias y que hacen del sonido de Thin Lizzy algo especial y único. Michael Lee es una bestia de la batería, su carrera hablan por sí sola, pero nos lo demostró con una impresionante pegada y finalizando todos los temas de manera demoledora. Nos falta Philo, su voz, su soul, su carisma, su presencia, su bajo ametrallando al público, pero se le puede sentir en el aire. El jovenzuelo Randy Gregg, con sus pelos “Faces”, no lo hace nada mal en el bajo, pero la sombra de Philo es demasiado grande. El repertorio siguió su curso con la suavidad “Still in love with you” después continuó la furia con las incendiarias “Are you ready”, “Killer on the loose”, “Cold Sweat”. Otro pequeño receso con “The sun goes down” y la maravilla llamada “Cowboy song” para todos los llaneros solitarios que viajan con la luz de las noches estrelladas. El repertorio continuó desplegando la grandeza Lizzy; “Suicide”, “Baby drives me crazy”, “Emerald”, “Hollywood”, “Bad Reputation”, que honra nuestra trayectoria vita, y reposo. El público no tenía tiempo para reposar, sólo para seguir con eso de Lizzy, Lizzy Lizzy!!!! que se escucha al principio del directazo “Live and dangerous”. El regreso con el conocidísimo “The boys are back in town” y quizá el momento más emotivo del concierto. Sykes y toda la banda miran al palco y dedican “Rosalie” de Bob Seger, a Miss Lynott, la mamá de Phil. Todo el público se dio la vuelta para ovacionarla, aplaudiendo a rabiar, gritando Phil Lynott!! Phil Lynott!!! en un gesto que venía a decir eso de “¡Viva la santa madre que te parió Phil Lynott!” A la mamá, blanquita ella, la vemos en todas las librerías de por aquí, tiene un libro en el que cuenta la vida del gran Philo y sale con su retoñín, su pequeño bomboncito de chocolate con apenas 10 años en la portada, y la verdad que nos enternecemos cada vez que lo vemos. Y ahí la teníamos, saludando y besando al público y siendo saludada, y bailando “Rosalie” con unos ánimos que ya los quisiéramos muchos de nosotros. “Rosalie” fue empalmada con el final de “Cowboy song” y todos creíamos que aquello acababa. Pero fue otro pequeño descanso. Entonces la gente pasó del grito de guerra Lizzy! Lizzy! a tararear el principio la noctámbula empedernidamente “Dancing in the moonlight” y salió el bajo que guió el coro del público, luego la batería y una mujercita carnosa con traje de noche apareció llevando de su brazo a un hermoso ejemplar gaélico bien entrado en años, con barba y patillas, que portaba un saxo. Era John Earle, el hombre que tocó el saxo en el directo “Live and dangerous” iba a introducir el sutil sonido de su instrumento para nosotros, aunque la niebla tapase la maravillosa moonlight de luna de llena. Se llevó la tercera gran ovación de la noche. En space nos encanta gritar eso de “It´s three o´clock in the morning and i´m on the streets again” y bien alto que lo berreamos. Palmas, la gente danzando en la caliente noche de invierno y llegó el colofón con “Black Rose” un voltáico final en el que las guitarras rugen cargando una vez más la atmósfera de electricidad. Thin Lizzy rules!! y siguen tocando con pelotas. El sábado Thin Lizzy volvería a subirse al mismo escenario para deleitar a sus devotos dublineses por segunda noche consecutiva. Es lo que se llama jugar en casa. Nosotros nos fuimos oliendo a Phil Lynott, camino del bar de nuestro primo Eamon Doran, que tiene una enorme placa metálica de Thin Lizzy para recibir a los irredentos bebedores. No es lo mismo sin Philo, pero merece la pena y recomendamos visceralmente pasar una velada con Thin Lizzy 2003. Pocos grupos tienen un repertorio tan aplastante y pocos hacen rocknroll de manera tan sencilla y natural. Lizzy is Lizzy. Aunque, tú mismo, como ellos dicen, “Don´t believe a word” y menos las mías, que no hay tipejo más gilipollas en ningún reino.



 
Demon Doran