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30-1-2004 WHELAN´S DUBLIN
El
genio y la figura de Greg Dulli están presentes en
muchos de nosotros gracias a la trayectoria de los desaparecidos
y añorados Afghan Whigs, la primera banda de fuera
de Seattle que firmó con la ya emblemática Subpop.
Los Afghan eran una de esas rarezas con sabor propio, peculiar,
distinto, dentro de la explosión alternativa de principios
de principios de los 90. Música rock con matices de
música negra que llega al alma, con unos textos que
desgarran las vísceras. Discos como Congregation, Black
Love, Gentleman o 1965 son prueba de ello, aunque los Afghan
se esfumaron en el tiempo. Pero estamos en el 2004 y artistas
inquietos como Dulli, que por cierto estudió cine en
Cincinnatti, no tienen tiempo para desperdiciar su talento.
Su nuevo proyecto tiene el sugerente nombre The twilight singers,
editaron su primer disco llamado “Twilight as played
by the twilight singers” y recientemente lanzaron el
segundo, “Blackberry belle”, uno de los discos
más interesantes que cayeron en mis manos últimamente,
ideal para el invierno y la oscuridad mental que esta época
suele producir, la primera frase del disco, “black out
the window, it´s party time” es un perfecto ejemplo
de lo que nos encontramos en los textos del disco: odas, epopeyas
y pequeños deleites para llaneros solitarios, tortuosas
relaciones humanas, complicadas materias grises, difíciles
conquistas. El disco cuenta con colaboradores de lujo como
Mark Lanegan, un dueto exquisito de voces cuyo resultado es
la preciosa canción “Blackberry Belle”
que cierra el disco, que no pudimos disfrutar en vivo. Las
letras de Dulli desvelan la agonía de las almas mudas
y retorcidas, repletas de heridas profundas, dolorosas, el
Dulli´s inferno. El llanto del pretendiente bastardo
y excesivo que nunca será amado, ni conseguirá
la redención que calme sus sentimientos, la ansiedad
continua. Si visitáis la curiosa e interesante página
web del grupo, podréis leer sobre el averno según
Dulli. Spacerockheaters no dejó pasar la visita de
los cantantes del ocaso a tierras Dublinesas. Alrededor de
las 21:00, aparecieron en el escenario los músicos,
que prepararon la salida de nuestro hombre querido. Pasados
cinco minutos salió el orondo Dulli a escena, vestido
de negro con su telecaster, fumando, derrochando carisma,
un frío “good night Dublin” y comenzó
el show con “Decatur St.”, seguido de “The
Bird sings” y la envolvente “Teenage Wristband”
“Martin Eden” adaptación del relato de
Jack London, una de las fuentes de inspiración de Dulli
y de todos los John Barleycorns, de alcohólicas memorias,
que pululan por el planeta. La suavidad y sutileza de la música
de los Twilight singers se convierte en agresividad y contundencia
en directo. Dulli eleva el tono de su voz aterciopelada hasta
el aullido, con una actitud rockera apabullante y una mirada
desafiante aunque afable. Las canciones parecían versiones
cargadas de esteroides de los temas de estudio, ejecutadas
con mucha fuerza. Se buscó unos buenos compañeros
de equipo el señor Dulli, Mathias Schneeberger al teclado
y ocasionalmente a la guitarra, John Skibic a la guitarra,
Scott Ford al bajo y el excesivo batería Bobby Macintyre,
que llevaba un descoloque fuera de lo común. El repertorio
se basó en el material de los discos de Twilight singers,
pero había retazos momentáneos de Afghan tocados
de manera totalmente distinta a como estamos acostumbrados,
como ese primer temazo del álbum Black Love. Los momentos
álgidos no tardaron en llegar. Dulli devastando su
enésimo cigarro empezó a charlar de música
con el personal, “I love jazz music, I like Miles Davis,
Nina Simone, Charlie Parker, Ornette Coleman, Billie Holiday,
but my favourite is John Coltrane” y la música
de fondo pasó a ser una curiosa versión de “A
love supreme” del dios Coltrane, después Dulli
siguió con sus gustos, ahora soul music, su favorito
Marvin Gaye, así que un poquito de “What´s
going on” del señor Gaye, tras la cual Dulli
siguió con sus dotes de showman, interpretando un divertido
“Time of the season” de los Zombies, que pretendía
cantar a una chica no demasiado agraciada físicamente
a la que continuamente guiñaba el ojo y piropeaba.
La jóven no quiso subir al escenario, así que
Dulli, bajó cual Mahoma, se tumbó en el borde
del mismo y cantó sensualmente a la chiquilla el “Time
of the season” completo, tras el cual vino un pequeño
reposo para los músicos. El show continuó con
Dulli a solas en el teclado, que tuvo momentos delirantes
como su interpretación de “I believe in a thing
call love” de Darkness a lo crooner, espetando un inesperado
“I love the Darkness” cosa que nosotros compartimos
con él y con media irlanda. Cada vez que The Darkness
suenan en un pub la gente enloquece, los adolescentes flipan
con ellos, en fin, están dando vida, “salvando
al rock” entre sectores sociales que lo tenían
olvidado, algo de lo que muchos grupos no pueden alardear.
Además nos encanta ver a Tommy nkonno sonreír
de oreja a oreja cada vez que escucha eso de “I love
you every minute, every hour, every daaaaaaaayyyyy”.
Después interpretó la versión de la archifamosa
“Black is the colour of my true love hair” que
da título a un Ep de los Twilight singers, pero que
han interpretado Nina Simone o Louis Prima entre otros. Dul li
abandonó el piano, y preguntó al personal si
preferían “Chess, Checker or Dominos”,
la gente dijo que Dominos, y los músicos también
feelin´ like dominos, interpretaron el Layla instrumental
de Derek and the Dominos, ese que suena en la tensa y agobiante
escena en la que Ray Liotta está a punto de ser pillado
por la poli en Godfellas, un aroma a Duane y Clapton que nunca
está de más en un concierto. Un nuevo descanso,
un “pipa” salió en medio de la oscuridad
y retó al público, “he oído muchas
cosas buenas sobre Dublín... ¿es eso todo lo
que podéis gritar?” y los dublineses se lo tomaron
como algo personal reclamando de nuevo al grupo en escena,
el batería desfasado, salió dijo unas cuantas
cosas poco coherentes en el micro y se puso a tocar la batería
mientras el resto de la banda tomaba posiciones de nuevo.
Otra nota graciosa, la canción pachanguera por excelencia
en Dublín ahora mismo, el “Hey, ya” de
Outkast, pero cantada por un Dulli pletórico. Convirtieron
la mierda en oro, el público coreaba con Dulli ese
pegadizo Heeeeeeeeeeeeeeyyyyyy yaaaaaaaaa!!!!!!!!! y los infieles
que desconocían a Afghan Whigs y Twilight singers tenían
oportunidad de menear sus carnes y ejercitar sus gargantas.
El show finalizó con un tremendo “Faded”
otra canción del disco compañero de la melancolía,
Black Love. Después Tommy nKono que celebraba su aniversario
número 33 (creemos), se encontró con Greg Dulli
en las escaleras estrechas que suben al baño y le empezó
a decir cosas muy raras pero así nos enteramos de que
Greg estudió cine. Pasados cinco minutos el tío
nKono nos coló en un descuido del portero en la fiesta
privada de los cantantes del ocaso repleta de viandas deliciosas
y se puso fino de aceitunas, curioso manjar por estas tierra
y sacó de la nada una botella de licor de chocolate
que bebimos acompañándolo de zanahorias untadas
en guacamole. Dulli y los suyos abandonaron la fiesta cuando
no quedaba ya una sola gota de alcohol en la acogedora sala
y nosotros también, no sin antes pillar unas barras
de chocolate que acabarían por destruir nuestro estómago
para dos o tres días. Aunque lo importante, tuvimos
alimento para nuestra alma con el soul de Mr. Dulli, vimos
otro conciertazo, otro músico íntegro de pies
a cabeza y ya contamos los días para ver a Monster
Magnet con Gluecifer y The Quills y a “Billy el niño”
Kris Kristofferson. Febrero será maravilloso gracias
a estos eventos. Allí estará Spacerockheaters.
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