BABY WOODROSE
 

Santiago de Compostela
Sala Capitol 29 de Abril de 2004

Los aficcionados gallegos al rock más crudo y visceral estábamos de suerte. Y es que no todos los días teniamos el privilegio de poder ver en nuestras tierras a una banda del calibre de los daneses Baby Woodrose. La cosa prometía aún más teniendo en cuenta que el show se celebraba en la Sala Capitol, que debido a sus características técnicas y su tamaño me atrevería a afirmar que está entre las mejores de todo el estado. Sólo cabía esperar que la respuesta del público fuese positiva, y aunque la sala distó mucho de estar llena, se cumplieron las expectativas para este tipo de conciertos. Un público selecto, que sabía perfectamente lo que iba a ver, y básicamente garagero, se veían camisetas de bandas como Dead Moon o Fleshtones, creando el ambiente idóneo para un show de estas características.

Abrían la noche los coruñeses Ultracuerpos, banda de raíces setenteras que está cosechando grandes críticas y que desde hace pocos años se están perfilando como una de las grandes promesas del rock n’ roll a nivel estatal tras su actuación en eventos tan importantes como el festival serie Z . Presentaban su nuevo disco “The Right Way” junto con algunos temas nuevos, y no hizo falta que se esforzasen mucho para animar a los que estabamos alli, ya que salieron a tocar desbordando entusiasmo y demostrando que a nivel instrumental son una maquinaria perfectamente engrasada. No creo ni que valga la pena pararse a definir su sonido, hacen simple y llanamente rock n’ roll, a veces con toques más setenteros, y otras con algún que otro matiz que hace recordar a la explosión de punk rock escandinavo de los últimos años, pero eso carece de importancia, porque se ve que llevan la pasión por la música en la sangre. Con un cantante que es pura actitud y una excitante versión del “High School Confidential” del gran Jerry Lee Lewis dieron por finalizada una actuación impecable.

Desde el momento en que Lorenzo Woodrose y sus chicos se subieron al escenario, quedó claro que todas las alabanzas que están recibiendo Baby Woodrose están plenamente justificadas. Sorprende que hayan hecho converger a públicos tan diferentes como el del garage o el stoner rock, sobre todo teniendo en cuenta el sectarismo y los prejuicios estúpidos que rodean a veces el mundillo del rock n’ roll, estilo musical que debería suponer apertura de mente y curiosidad por descubrir cosas diferentes, y que muchas veces se caracteriza por todo lo contrario. Baby Woodrose no son lo que parece. Cuando se habla de ellos suele relacionárselos con el stoner rock, más que nada por la estética que impera en el artwork de sus discos y por el pasado de su líder Lorenzo en el grupo de culto On Trial durante casi dos décadas. También se suele hablar de ellos como una banda de garage, debido a su fijación con el rock de los años sesenta, el uso de órgano en sus grabaciones y el cuidado que ponen en la edición en vinilo de sus trabajos. Pero dejemos las cosas claras: sobre un escenario Lorenzo Woodrose parece el jodido Lemmy, y ofrece una intensidad y un salvajismo que los seguidores garageros no están acostumbrados a ver muy a menudo. El actuar en formato trio y sin órgano ni teclados hace que las canciones lleguen a un nivel de intensidad que en disco sólo se intuye, con retazos de la psicodelia más oscura e incluso algo de soul. Pasión por la música, en definitiva, por el sonido más clásico, encarnado en su gran (literalmente) cantante, que se subió al escenario desafiante como pocos, y que antes de empezar a tocar ya estaba vacilando al público, chapurreando incoherencias en mexicano y asegurando que había venido a patear el culo de los asistentes. Empezaron con “Volcano” de su último trabajo, “Money for soul”, que en teoría venían a presentar, y digo en teoría porque el set list fue realmente sorprendente, y faltaron highlights como “Disconnected”, el single “Carrie” o el tema que da título al disco. Baby Woodrose son ese tipo de grupo que puede permitirse el lujo de variar de repertorio cada noche, confiando en la química y olvidando cualquier convencionalismo. Sonaron “Pouring Water”, “You better Run” o la que constituyó el momento álgido de la noche, “Honeydripper”, que en directo y sin los teclados sonó realmente demoledora, junto a gemas como “Everything is gonna be alright”, o una insólita revisión de “Rollercoaster” en la que Lorenzo dejó salir su faceta de soulman, sudoroso haciéndo que la audiencia coreara con él “i want to take you higher”. Dejaron para el final la versión de una de sus bandas favoritas, el “Walking on my grave” de Dead Moon, que en manos de estos tres daneses locos sonó a himno de estadio, con todos los puños en alto en un final que se unió con el estribillo de “It’s a long way to the top” de AC/DC (que también fue versioneada por Dead Moon en el pasado), para poner el punto y final a una fantástica velada de rock n’ roll ofrecida por una banda que tiene muchas alegrías que darnos en el futuro. Nos fuimos a casa con una sonrisa, absolutamente satisfechos.

 
J.L. Fernández